La Torre de Babel
En un principio dice la Biblia: "Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras". Ruego que presten ustedes atención al hecho que la Biblia establece una primera diferencia entre el acto de hablar un mismo lenguaje y el de usar idénticas palabras (doble sentido, metáfora, poesía, etc.) Luego se dijeron: "Ea, vamos a fabricar ladrillos y a cocerlos al fuego." Después dijeron: "Ea, vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en los cielos y hagámonos famosos por si nos desperdigamos." Bajó Jahvé a ver la ciudad y la torre que habían edificado los humanos , y dijo: "He aquí que todos son un mismo pueblo con un solo lenguaje y esto es el comienzo de su obra. Ahora nada de cuanto se propongan les será imposible; ea pues, bajemos y una vez allí confundamos su lenguaje de modo que no entienda cada cual el de su prójimo". Maldición terrible, referida a una serie de asignaturas. En sí misma permite comprender que Jahvé no prohibe directamente por peligroso el conocimiento, sino que va directamente a las causas: la palabra.
Maldición terrible, referida a una serie de asignaturas. En sí misma permite comprender que Jahvé no prohibe directamente por peligroso el conocimiento, sino que va directamente a sus causas: la palabra; así es que confunde las lenguas e impide el entendimiento; es decir, nos condena a la interpretación. Que quede claro que no es la confusión de las lenguas todo el castigo; eso se arregla con la cultural inglesa, la alianza francesa y la Pitman, ¿Por qué no?
Hegel lo comprendió muy bien cuando en el parágrafo 32 del prefacio a la Fenomenología del espíritu elogia el poder del entendimiento, del que dice que es el más "asombroso de los poderes o, más bien, el poder absoluto."
Por mucho tiempo el hombre intentó llenar el abismo que separa la experiencia fenoménica del Sujeto kantiano de la cosa en si, abismo que para Kant parecía infranqueable.
Hegel propone un cambio de perspectiva por medio del cual este abismo ya no es concebido como una barrera que limita nuestras facultades, que nos separa de la cosa en si. Para él el verdadero problema teórico no es cómo salvar el abismo que separa los actos de las palabras, sino cómo concebir el abismo mismo. El acto absoluto, el acto más fuerte que todas las intervenciones en la realidad, es transformar el abismo en la cuestión misma. Toma la brecha como el reverso oculto de la serena distancia contemplativa respecto de la realidad, o como diría más tarde Kierkegaärd, superamos el abismo experimentando la palabra en su violento y contingente devenir.
Es como cortejar una visión fugaz e inquietante del infinito; de ese que Kant denomina, lo sublime matemático.
Para Freud, capaz de soportar la angustia que lo pone ante un objeto del que no siente más que la vertiginosa ausencia, supone un misterio que se expresa mientras se desvanece, pero que se deja vislumbrar en el desvanecimiento mismo, como verdad posible. Nos dice en dos notas a pie de página, la primera de 1914 y la segunda de 1925, en el capítulo VI del libro de los sueños:
"Después de haber hecho coincidir al sueño con su contenido manifiesto, hay que cuidarse ahora de no confundir al sueño con los pensamientos latentes. (el abismo, oh el abismo) Antes me resultaba terriblemente dificil acostumbrar a los lectores a diferenciar entre el contenido manifiesto y los pensamientos latentes del sueño. Ahora que al menos los analistas se han acostumbrado a reemplazar el sueño manifiesto por el sentido que se ha hallado mediante la interpretación, muchos de ellos son culpables de otra confusión en la que resisten con la misma tozudez. Buscan la escencia del sueño en este contenido latente y pierden de vista la diferencia entre pensamiento latente y trabajo del sueño. El sueño no es más que una forma [...] es el trabajo del sueño el que crea esta forma y sólo él es lo esencial del sueño, la explicación de su especificidad." Y en la introducción dice: "El contenido del sueño, producto del trabajo del sueño, nos es dado como una escritura en imágenes." Pues bien, si el texto del sueño, al implicar el trabajo del sueño, se define en el sentido del trabajo del Inc., una escritura en imágenes o jeroglífica debe entenderse en el sentido en que se recorta el significante una letra, y las relaciones significantes, un contexto en dicho sistema.
El trabajo del sueño opera trabajo de transferencia y trabajo de transcripción sobre los pensamientos del sueño, y si aquí dos lenguas distintas le sirven a Freud para relacionar y diferenciar contenido manifiesto y pensamientos del sueño, al hablar de la confusión del original con la transcripción, se nos impone una pregunta: ¿Es que Freud habla de un texto primero? Si cuando se habla de la mutter sprache (lengua materna) ubersetzung es transcripción, habría que decir que el trabajo de interpretación produce a partir de la transcripción, la lengua materna, el original, lengua escrita y perdida. Se hace camino al andar, por el trayecto que lleva a lo largo de la cadena significante, de la escritura en imágenes al texto que ya estaba escrito.
El trabajo de interpretación es una formación del Inconsciente que al reiterar un deseo que ya estaba articulado escinde al sujeto provocando un goce que al ser de palabra es de pérdida. Así en el relato del sueño, por el hecho de hablar, el sujeto está perdido, como por el hecho del relato, el texto también lo está.
Al ubicar el lugar de la palabra en la traumdeutung nos encontramos con una referencia inequívoca: "La palabra es, por así decirlo, un equívoco predestinado." Es decir, está condenada al equívoco. Podríamos decir que en Freud la palabra no está atada a un significado, sino que como el significante, es equívoca, está definida en su relación con otros significantes. La palabra no adquiere su valor a partir de un significado unívoco, sino en un contexto caótico, enmarañado. Dice Freud: "Se incurriría en un error si se quisiera leer estos signos según su valor de imagen, en lugar de hacerlo según la relación entre los signos."
El trabajo del sueño hace texto de la palabra, el sueño tiene la estructura de un acertijo, vale decir de una escritura. Curioso destino el de la palabra, al perderse el texto es el relato el que nos la devuelve.
Siempre estamos implicados en la interpretación de un relato, realzamos determinaciones del significado y nos detenemos por razones de índole práctica en la investigación y descripción del contexto. Los significados que determinamos al interpretarnos mutuamente el habla, la escritura y la acción, son normalmente suficientes para nuestras intenciones y hay quienes sostienen que deberíamos aceptar esta determinación relativa, en calidad de naturaleza del significado.
Significado es el que entendemos, y en lugar de exponer su falta de fundamento, o autoridad decisiva, simplemente deberíamos decir con Wittgenstein: "Este juego que es el lenguaje se juega."
Esta es en cierto sentido una objeción pertinente; podemos considerar la irrelevancia de nuestras preocupaciones e intentar ignorarlas. Si esto es posible esa es otra cuestión. Hay quienes dicen que digan lo que digan los filósofos, alcanza con la experiencia que tenemos en la determinación y captación de significados pero acto seguido pretenden que esa experiencia es una base sólida para la refutación filosófica del escepticismo. Wittgenstein, afirma que "el juego del lenguaje consiste en decir algo impredecible. No es razonable o irrazonable. Está ahí como nuestra vida."
Muchos de sus seguidores, hablan como si el juego del lenguaje fuese en sí mismo una base, una verdadera presencia que determinase el significado. Pero cuando intentan expresar este argumento presentando las reglas y las convenciones de este juego, nos volvemos a encontrar de nuevo con el problema ¿Quién juega? ¿Juega seriamente? ¿Cuáles son sus reglas? ¿Cuál es el juego?
Otros dicen que el juego y las reglas vienen simplemente dadas, se dice incluso que Wittgenstein dijo que "La gente ha establecido las reglas" (esto está en conferencias y charlas). Es siempre posible, sin embargo, que una nueva descripción altere las reglas o sitúe la emisión en un juego lingüístico diferente.
Por lo tanto podríamos decir que jugar a que el abismo no existe tampoco da resultado porque nos caemos irremisiblemente.
Entonces cabe que nos preguntemos si la pretensión de verdad de una afirmación, no puede ser autorizada por medio de su contenido ¿Cuál es entonces el fundamento de su autoridad? Kierkegaärd dice que "el sostén último y único de una afirmación de autoridad es su propio acto de enunciación." Por ejemplo ¿Cómo puede un apóstol demostrar su autoridad? Si pudiera probarla materialmente entonces no sería un apóstol; no tiene otra prueba que su propia afirmación. Tiene que ser así, ya que si no lo fuera, la relación del creyente con él sería directa y no paradójica.
La autoridad siempre es impotente, se trata de algo que no puede obligarnos a nada y sin embargo por una especie de compulsión nos sentimos obligados a seguirla incondicionalmente y además es incondicionalmente paradójica: la obedecemos porque tiene autoridad y no porque su contenido sea sabio, profundo, etc.. Con todo, al mismo tiempo, Kierkegaärd parece dar a entender que el apóstol reduce su papel al de portador del mensaje, anulado como persona, todo lo que importa es el contenido del mensaje. De este modo, un apóstol sería como la representación, significante; su paradoja consiste en que obedecemos al representante, al que la autoridad es conferida independientemente del contenido de sus afirmaciones, y éste retiene tal autoridad sólo en tanto se reduce a mensajero neutral portador del mensaje trascendente. Lo mismo dice Kierkegaärd de Cristo en sus Fragmentos Filosóficos, donde afirma que no basta conocer la vida ded maestro al dedillo para ser su discípulo, tampoco conocer su enseñanza, porque eso lo transformaría en simple intermediario.
¿En qué consiste la autoridad de Cristo si no radica en sus cualidades personales ni en el contenido de su enseñanza? En el espacio vacío de la intersección entre los dos conjuntos, que corresponde a lo que Lacan denominó "objeto a". Y otra vez el abismo. Como dice Lacan en La tercera: "Lo real es lo que siempre vuelve al mismo lugar".
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