No es sencillo determinar el malestar predominante en nuestra cultura, porque allí tendríamos que definir si con nuestra estamos hablando de una propiedad o simplemente de algo contemporáneo, con lo que no zanjamos el tema si tomamos una decisión por uno u otro lado, debido a que lo contemporáneo también está multideterminado por cuestiones históricas, que no serán más que un recorte de otra multiplicidad histórica que determina lo actual, en caso que hubiésemos tomado esa vía; pero si la elección hubiese rondado la primer alternativa, también habría que ver, entre otra múltiple cantidad de circunstancias, qué es eso de hacer propia una porción de cultura. De esta manera, parecería que no resulta posible emprender el camino que ya he emprendido, y que estas líneas no constituyen más que una suerte de prólogo a lo que sigue, es decir, algo escrito con posterioridad al resto del ensayo. Y ya que antes de comenzar a hablar he dicho unas cuantas palabras, continuaré con lo que sigue, como no podía ser de otro modo, y lo que sigue es el planteamiento de la idea que guía este ensayo surgida luego de haberlo leído. Tal idea es aquella que menta acerca de los cambios tecnológicos que se han desarrollado a lo largo de sucesivos períodos históricos y su incidencia con transformaciones, pocas, muchas o ninguna.
Sin arriesgar comparaciones, podría conjeturar al modo de Proust que al menos del lado occidental del mundo el paraíso es algo perdido, y si como sabemos todo tiempo pasado es anterior, previo a convertir al presente en un momento confuso, complejo y duro a comparación del ya dejado atrás, con la facultad de promover furiosos ataques de nostalgia por lo que ya no podría ser vivido, por lo que no volvería a ser. Cualquiera sea el tiempo que nos separa de ese pasado, igualmente proyecta una luz de modificación de lo actual, favoreciendo con sus mitos la producción de quimeras.
Griegos y romanos se esforzaron por dar una nueva conformación de la política, sumando la propia historia a un constante cambio en el devenir de hombres y épocas. No se quedan atrás las revoluciones modernas de ingleses y franceses, que con una inflexión similar traen aquel pasado para convertirlo en un ideal futuro. Tampoco se quedaron atrás aquellos que con el comienzo del siglo alumbraron sueños, desmontaron lo razonable, le pusieron letra y música al comienzo del siglo, manteniendo un lazo indudable con aquel pasado remoto, como aquel que dice que "El rey seguía siendo un niño, o en todo caso, un joven, mientras el país trataba de olvidar el periodo amárnico. La pregunta que surge es si todos estos cambios se debieron a un esfuerzo personal del rey o éste sólo fue un instrumento en manos de los poderes militar y religioso. Al no quedar ningún miembro de la familia lo suficientemente adulto como para tomar decisiones, es bastante probable que el inexperto gobernante no fuera más que un mascarón de proa en una nave cuyo timón gobernaban otros. Los dos personajes más influyentes durante su reinado fueron el Padre Divino Ay y el General Horemheb" . Si bien no es la época más abordada por los referentes dados, bien podríamos suponer con estas líneas el principio de una novela de intrigas ambientada en el siglo… O podría ser una crónica de guerras no tan lejanas en Oriente lejano… Tal vez, pero no. Estoy refiriéndome, obviamente, a la tumba del rey que quedó sellada, y la casualidad quiso que quedara cubierta por las chozas de los obreros que construyeron la de Ramses VI muchos años después, motivo por el cual apenas se vio afectada por la rapiña de los violadores de tumbas, permaneciendo prácticamente intacta durante más de 3.000 años y guardando en silencio su fastuoso contenido hasta 1922, fecha en que este ignorado faraón alcanzó definitivamente su inmortalidad. Se trata de Tutankhamon.
¿Y hoy? Tal vez, para ir rápido mas no a las apuradas, es dable señalar que la particularidad que permitía enlazar esas épocas con aquellos pasados no sea hoy tan fuerte. Aparenta la época actual una constante referencia a sí misma, suponiendo que todo lo que comienza y termina, comienza y termina hoy, rompiendo vínculos que nos unían con aquellas épocas, predecesoras de horizontes de renovación en toda la gama cultural de comienzos y finales del siglo XX, por poner un ejemplo reciente. ¿Y si la constante referencia a los antiguos (griegos) no hubiese sido predominante? Tal vez habría variado la historia para el pensamiento de occidente. Especulemos un poco, reescribamos un poco de historia. ¿Hubiese cambiado algo que la cultura tomada como base no hubiese sido la griega, sino la nacida a orillas del Nilo? Pocos negarían que lo egipcio ejerció a su vez un poderoso influjo en Grecia (dependencia ésta que los propios griegos se gloriaban de reconocer), y a su vez lo africano fue decisivo en la configuración de la civilización egipcia, lazo que excede este ensayo. Ya que el tema de la muerte es un tema al perecer común, ¿Qué hubiera pasado si en vez del cancerbero griego, el perro de tres cabezas y serpientes por cola, que vigila la entrada del Erebo prohibiendo la salida de espectros y la entrada de mortales, donde Hércules con poderosa fuerza y Orfeo con encanto musical, son los únicos mortales que traspasaron el portal vigilado por el can Cerbero, la referencia hubiese sido a Anubis, uno de los primeros dioses del Más Allá, cuyo apelativo significa "Señor de los Occidentales" (los difuntos), quien era el guardián de las necrópolis que acogía a los difuntos en la puerta de su tumba y les guiaba al otro mundo, asistido, en ocasiones, por otro dios cánido con el que puede ser confundido: Upuaut "El Abridor de Caminos"? Es posible a esta altura formular algunas preguntas: ¿No debe acaso la Europa moderna y la civilización occidental mucho más a Egipto y a África de lo que pensábamos? ¿La pretendida superioridad cultural de la razón occidental sobre el mito africano no queda ahora en entredicho, cuando descubrimos que en la misma génesis de nuestra identidad cultural y de lo que más tarde forjaría grandiosos logros subyace un primer impulso africano y egipcio? ¿Qué queda del mismo y en qué ha sido realmente importante?
No obstante, ese fuerte lazo entre pasado y futuro o desde este presente hacia aquel pasado, aparenta haber quedado fuera de lugar, como pieza de exhibición sólo para entendidos, o ha pasado a ocupar un lugar entre los cuerpos que se examinan para su estudio post mortem.
Aparentemente, forjados en una cultura de viejo continente, aquellos grandes relatos han ido desapareciendo, o al menos ya no marcan el paso, ocupados en sus propios asuntos. Aquella cultura que mantenía en vilo con su palabra una naciente tradición de este lado del océano ha pasado a ser recuerdo, que harán gozar o sufrir a cada cual. Europa nos dio letra a la vez que su escritura nos marcaba de una manera indeleble la forma de pensar y escribir, Europa que significaba el centro del mundo universalizado. Los ejemplos abundan, y podemos referirlos a los comienzos del siglo XX: relatos políticos, referencias literarias, musicales, arquitectónicas, científicas, psicoanalíticas… Podemos rastrear hasta Foucault y el debate entre lo moderno/posmoderno, aún hoy presente. Entiéndase que el modo de pensar tiene sus raíces en aquello que está hoy en fuga, y este hoy representa nombres como Heidegger, Nietzsche, Freud, Lacan, Levi-Strauss, Foucault, Althusser, Deleuze, Lyotard y un largísimo etc.
¿Qué podemos esperar hoy de un lugar como Europa que ha dejado de aportar aquellas ideas hacia donde mirar, qué referencias tomar? Si lo que estamos atravesando fuese una crisis, llámese de ideas, de referentes, de ideales, tal vez cuestionar el modo y la manera en que se ha transcurrido de una efervescencia cultural hacia el 1900 hasta una modernidad posmoderna desprovista de referencias, al menos europeas, las que movían el transcurrir cultural aquí. Tal vez tomar algunas ideas sirva para entender lo que en un futuro sea el inicio de la moderna posmodernidad, como una nueva manera de pensar lo actual. Aquí resulta necesario recurrir a Benjamin cuando escribe que "Para Marx la revolución es la locomotora de la historia, ¿No será tiempo que la raza humana que viaja en ella le eche el freno de emergencia?" En la época actual, donde todo parece ir a una velocidad loca, donde todo parece perecer en el instante que nace, la pregunta sería por eso mismo que se cuestionaba Benjamín, ¿Estaremos a tiempo aún? Tal vez, tal vez no. En otra obra, Benjamín escribía: "Cada mañana se nos informa sobre las novedades de toda la tierra. Y sin embargo somos notablemente pobres en historias extraordinarias. Ello proviene que ya no se distribuye ninguna novedad sin acompañarla con explicaciones. Con otras palabras, ya casi nada de lo que acaece conviene a la narración, sino que todo es propio de una información." Perdida la posibilidad de entender por recibir hasta el hartazgo cantidades infernales de esa información, se ha ido perdiendo el significado de lo que las palabras dicen y aquello extraordinario ha dejado paso a otra eventualidad, para que el lenguaje haya pasado por un filtro banal. Aquí retoma Benjamín: "Una pobreza del todo nueva ha caído sobre el hombre al tiempo que ese gran desarrollo de la técnica (…). Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en la casa de empeño por cien veces menos de su valor para que nos adelanten la pequeña moneda de lo `actual." . Podríamos tomar como una cuestión sintomática que el lenguaje haya sido corrompido de varias formas, como por ejemplo aquel en que se lo utiliza políticamente como elemento destructivo, y también por aquello que desde los medios masivos comunican una progresiva y constante degradación del lenguaje; con lo cual no resulta muy difícil imaginarse al menos esta como una doble vía de entrada ruinosa que afecta al lenguaje cotidiano. Si puede tomarse en consideración que muchas palabras que utilizamos han perdido su sentido original -no podía ser de otro modo, debido a las formas y modos en que los usos del lenguaje influyen en él-, sentido que ha pasado a constituir abstracciones o a tener significados que parecen opuestos incluso a su significado original, puede afirmarse, con Derrida, que "Siempre es peligroso traducir o importar un término de manera ciega, o, en ciertos casos, instrumentalizarlo sin recordar o sin ser capaces de comprender la procedencia de su uso. Otro modo de enviciar el lenguaje es el dado por los medios de comunicación, quienes se encargan de empobrecerlo sistemáticamente, cuyo nivel de sentido cae a niveles insospechados. Tomemos en cuenta lo pseudo novedoso de las redes actuales de comunicación, donde cada persona no habla sino que el lenguaje que utiliza, empobrecido, ya no le pertenece, lo cual provoca un empobrecimiento de su cultura y que la realidad resulte cada vez más compleja y omnipresente.
Como decía Steiner, cuando hablaba del idioma alemán como cuna del nacimiento del nazismo, también podríamos interrogarnos qué similitudes están sucediendo actualmente que por todos lados se presencia un masivo vaciamiento del sentido del lenguaje, consideración que no puede alejarse de pensar en qué medida están involucrados los claustros educativos, congresos de la lengua, congresos de todo tipo, etc., en el empobrecimiento del uso del lenguaje. También es posible considerar la contraria, aquella que dice que los medios han arrinconado a aquellos que, preocupados por su avance arrollador, tienden a resguardar los baluartes culturales/idiomáticos que van quedando. Se trata aquí de una cuestión en apariencia insoluble, ya que tanto la primera como la segunda son posibles causas una de la otra. Una especie de guerra ultraposmoderna se plantea, la que menta por un lado una batalla sin fin a la vista, o lo impuesto por el mercado, la lógica de la producción, y lo que no se ajusta a ello se desecha. ¿Es dable preguntar si alguien se detiene a escuchar el discurso del enemigo actual en el que constituyó Estados Unidos al terrorismo, o se sigue la lógica anteriormente descripta? Una afirmación de Freud en El malestar en la cultura viene en mi auxilio: "La presente situación cultural de los Estados Unidos ofrecería una buena oportunidad para estudiar este temible peligro que amenaza a la cultura; pero rehúyo la tentación de abordar la crítica de la cultura norteamericana, pues no quiero despertar la impresión de que pretendo aplicar, a mi vez, métodos americanos."
Los comunicólogos, ¿Se han preguntado alguna vez si el lenguaje, es decir el medio del cual se nutren, se ha empobrecido? ¿Se está cumpliendo nuevamente el mandato que Dios impusiese desde la torre de Babel, aquel que destina irremediablemente a interpretar lo que el otro dice mediante la archiespecialización en cada disciplina, lo que provoca que no se entiendan entre sí ni los mismos especialistas de esa disciplina? Así, el lenguaje llamado culto pierde posibilidades de encontrar multiplicidad de significados, riqueza creativa y desarrollo en pos de convertir todo en un lenguaje común, sin matiz que lo diferencia de sí mismo.
Hay aquí un espacio de cierta resistencia, resistencia romántica a suponer que las palabras pueden no ser silenciadas por la vulgarización apabullante que hoy se muestra con variados signos, a cada paso. Tal vez debamos convertirnos en poetas, poetas en el sentido que Blanchot, en referencia al espacio literario, escribe: "Allí el lenguaje no es un poder, no es el poder de decir. Nunca es el lenguaje que hablo. En él, nunca hablo, nunca me dirijo a ti y nunca te interpelo. Todos estos rasgos tienen forma negativa. Pero esta negación sólo oculta algo más esencial: que en este lenguaje todo regresa a la afirmación, que lo que niega, en él afirma. Porque habla como ausencia. Allí donde no habla, ya habla; cuando cesa, persevera. No es silencioso porque, precisamente en él, el silencio se habla. Lo propio de la palabra habitual es que la comprensión forma parte de su naturaleza. Pero en este punto del espacio literario el lenguaje es sin sentido. De allí el riesgo de la función poética. El poeta es el que entiende un lenguaje sin sentido."