Auscultar
a los ídolos es un modo absolutamente particular e inusual de curación.
Es
muy significativo que en relación a estos ideales, la iniciativa pertenezca a
un cierto orden de investigación a partir de los sonidos que son emitidos.
La
obra de Nietzsche, autodenominado primer psicólogo, se soporta en la
imposibilidad de abandonar los asaltos auditivos y sus asociaciones mismas que
toman como punto de partida, ideales
originales.
Imposibilidad
que como veremos se le convierte en un método curativo: acto seguido en una
gran declaración de guerra hacia aquellos ídolos eternos, los más creídos
nos dice, ante quienes y con su estilo abrió frutos para nuestro convite.
Es
en dirección hacia ellos en donde él
nos estimula a escuchar, con una duda que pueda convertirse en certeza.
La
tarea , será entonces, intentar poner de manifiesto con incursiones breves
sobre pasajes de la obra, la dimensión ética en correspondencia estilística,
y si ésta se mantiene a lo largo de la lectura.
Encontrarse
en la disquisición a través de las cuestiones del estilo, nos lleva a
diferenciar: estilo literario de escritura a estilo de reproducción en el
itinerario.
Transvaloración
de todos los valores, poner las cosas en su lugar, aquel que se pretendía con
sorderas y creencias morales introducía un mundo donde la omnipotencia del
pensamiento arrasa con caminantes solitarios.
Afectado
por la moral, imaginariamente engrampado a sostener la evolución del
pensamiento la continuidad de los maestros estaba asegurada.
Su
descubrimiento trata de un juego, que alejado de la memoria, da paso a una
prolifera y fecunda concepción.
Trataré
de exponer entonces, cómo la evolución de la persona, embarcado en una crítica
metodológica contra sí mismo, al igual que practicara contra otros filósofos,
determina un cambio en F. Nietzsche a partir de su propia obra.
Cielos
sin nubes nos son ofrecidos en una sentencia que pesa sobre quienes con
delicados oídos clamamos (inútilmente) por una curación de la así llamada
raza humana.
Sería
entonces en donde una detención de la necesidad de poder, de-generada condición
humana, pueda a través de aquellos “tempos” musicales, descubrir en la
escritura componentes de una continuidad “in- crescendo”.
Una
dedicatoria al estilo realzando a un profético eremita
hacia la Voluntad de poder.
La
repercusión de su primer libro, editado en 1872 despliega un
pleito entre los académicos contemporáneos.
Tras
pasar las vacaciones de verano de 1869 y de regreso a Basilea da a conocer sus
futuros planes de trabajo en donde menciona dos conferencias públicas.
Conferencias conocidas por nosotros como “El
drama musical griego” y la otra con el título “ Sócrates y la tragedia”.
Richard Wagner amigo idealizado por Nietzche, estimula al joven catedrático a
partir de estos escritos, a
escribir un libro sobre los griegos.
Dirá
a cerca de la trágica desaparición de la tragedia griega: “ Con Euripídes
irrumpió en el escenario el espectador, el ser humano en la realidad de la vida
cotidiana. El espejo que antes había reproducido sólo los rasgos grandes y
audaces se volvió más fiel y, con ello, más vulgar.”
La seducción de Wagner,
como se conoce, trasciende con posterioridad a los títulos subsiguientes
en que Nietzsche le dedica
al músico alemán.
¿Pero
nos demuestra este recorrido una posición tomada sobre sí ?.
Con
una afirmación que responde a esta pregunta en “Ensayo de autocrítica”,
incluido en la tercera edición de El nacimiento ... en 1886,
la evolución que marca el estilo de su persona dirá: “ (...) hoy es
para mi un libro imposible, - lo encuentro mal escrito, torpe, penoso, frenético
de imágenes y confuso a causa de ellas, sentimental, acá y allá azucarado
hasta lo femenino, desigual en [tempo], (...) como un libro para iniciados, como
una [música] para aquellos que han sido bautizados en la música (...)”
.
Wagner
es una fuente de inspiración, más precisamente su música, diría muchos años
después; “ mi sublime precursor
en la vía de este escrito”, así llamaba
el autor del libro al músico, quien no contaba ya con una idealización sin
fin, sino que se inaugura un espacio que trata del comienzo del final en esa
relación.
De
tal modo entre idealizaciones y desilusiones surge : “el conocimiento trágico”.
“¿Acaso
es el cientificismo nada más que un miedo al pesimismo y una escapatoria frente
a él?”. Esta sería una pregunta donde la respuesta se encuentra ya implícita.
Se
había corrido en ese momento ni más ni menos
que un enorme velo a la mirada del mundo.
Nos
proyecta a “ver la ciencia con la óptica del artista y el arte con la de la
vida” o sea un verdadero descubrimiento desde lo natural y en contraste con la
cultura que se postulaba como realidad única.
No
la aceptación de una transformación a mano del hombre idealizado, sino lo
natural en su original estado, algo así como una aceptación del origen trágico.
El sol en el centro del sistema, ya no la tierra como centro del universo
humano.
Convertido
en un sátiro, en un coro de sátiros que observa la escena, es un espectador
ideal.
Sufrimos
de una prolongada agonía antes de hacer un giro, llevando la posición de
espectador al escenario, el ser humano enfrentado a la realidad de la vida
cotidiana, mira a un espejo que le devuelve su propia imagen.
Sobreviene
una interpretación ahí donde se sostiene la existencia de La verdad y digo la
con mayúscula para que quede claro que también así puede decirse.
La
verdad debe caer al coro de sátiros.
La
vida se encuentra detrás de esta escena, trágica diría, luego de todo
sacrificio que se nos solicite desde el ideal, hasta las exigencias de contemporáneos
con más avanzada edad.
Plantear
un proceso que poniendo fin a un comienzo sea el comienzo del fin. Dice: “la
vida es pues el comienzo de la muerte pero la muerte es la condición de nueva
vida” .
Sólo
la jovialidad de la producción artística se desliza como verdadero acto
creativo, en donde la conciencia ofrece solo postulados críticos y disuasivos
lo inconsciente produce un real efecto creador.
A
medida que avanzamos sobre la propuesta inicial, se comprende que estos
movimientos son sólo los primeros pasos.
La
continuidad en los próximos años marca la profundización de la relación al
matrimonio Wagner. Presagio de la caída y de las Consideraciones intempestivas,
que como un absoluto fuera de tiempo ataca la cultura actual de su época.
David
Strauss, un instrumento más de la cultura es intempestivamente desmembrado:
“la vieja y la nueva fe deja asombrado tanto de la estupidez y ordinariez del
escritor como las del autor”, escribe a su futuro ex amigo Wagner.
Algo
realmente notable, la noción de escritor como la de autor por separadas en la
comprensión de un texto. No sólo habla de la agudeza interpretativa, sino de
la sucesión de sus pensamientos volcados acerca de lo trágico, lo innatural
humano.
Quizás
sea en este devenir repugnante por el éxito de viejas o nuevas fe, que un
ejemplar de Humano demasiado humano es enviado a Wagner en respuesta a su
Parsifal.
Tomando
conciencia de su libertad: Humano
demasiado humano. Un libro para espíritus libres, es
su respuesta a las ataduras de los considerados
genios.
Escribe
entonces que es el primer “inmoralista” por dejar de creer en los ideales.
Se
manifiesta con la idea de que tanto Schopenhauer como Wagner quedan al
descubierto psicológicamente, cuando el movimiento más interesante, el más
musical, lo iba produciendo él mismo en su perdida de peso.
Quizá
sea un despojarse la aproximación al génesis del Zaratustra.
La
moral aparece como un síntoma de decadencia y ésta es una fuerte afirmación
que lo diferencia y lo reafirma en sus propuestas hacia la deshumanización.
Oler
tanta podredumbre lo enferma y no sólo a su espíritu, al que somete a una cura
vía la denuncia de lo humano. Son tiempos en donde los dolores y su enfermedad
en la vista le exige un gran sacrificio.
Más
allá de la compasión, el romanticismo y el terror, encuentra un camino en el
devenir, como todo un proceso de metamorfosis para un espíritu libre.
El
descubrimiento de una posición en relación al hacer como contrapropuesta al
adormecimiento, la elección de cualquier desfavorable situación, la enfermedad
incluso, como salida de la anestesia que produce una falta de interés, una no
elección.
Ser
paciente sin olvidar; agudizar el oído
ante todo leer en el arte de saber escuchar.
Zaratustra
es fiel al encuentro con la soledad, un viaje por el interior, una verdadera
inspiración.
Un
vagabundear entre sueños, un asociar sobre la investigación de un alma.
Verdadero
abandono de un cuerpo en tanto tal.
Sus
olvidos llegan a tal punto que desde el prologo de su (...) Zaratustra, habla
de dar sepultura al cadáver del volatinero, acordando con el muerto la
necesidad de compañeros vivos.
Así
comienza el regreso descendiendo de la montaña.
Es
el superhombre, un anticipo del más allá de lo humano, de una afirmación que
surge de un espíritu negativo, es de un auténtico estado de embriaguez
crepuscular, solo homologable al
contenido del sueño.
En La canción
de la noche, concluye hacia: “ (...)
-hablar es lo que deseo. Es de noche: ahora se despiertan todas las
canciones de los amantes. Y también mi alma es la canción de un amante.”
Así sufre su dios, un Dionisos.
Estimo
que intervenir en comentarios sería una traición a ese deseo así expresado.
En
Más allá del bien y del mal, las antitesis no existen.
Los
valores, superficiales valoraciones, bien y mal se entrelazan quizá en
caracteres idénticos.
Junto
a juicios falsos y ficciones lógicas, los valores populares se encuentran en
total disidencia a una vida regida por la “no-verdad”
.
Jamás
se había tratado así a los filósofos de éste modo, nunca antes una critica
semejante había sucedido a la poesía del Zaratustra.
Allá
donde la metáfora encendía con cierta benevolencia al escrito, en Más allá...,
la honesta desnudez le quita la mascara a los sabios.
Imposible
no reconocer en esto una dedicatoria al estilo.
Y
nuevamente resulta revelador: “(...) que un pensamiento viene cuando [el]
quiere, y no cuando [yo] quiero; (...) ”.
Todo
el desarrollo explica que el ídolo forma parte de una tradición del
pensamiento así que, su fuerza compulsiva lo transformara en un fenómeno
religioso.
Se
trata de una fuente profunda de pensamiento infantil, pueril e ignorante que, se
precipitan hacia la conciencia tanto del filósofo como al religioso en la idea
que, un orden moral satisface sus deseos.
Se
desprende porqué la curación misma o Crepúsculo de los ídolos junto a El
anticristo, es y ha sido tratada como un peligro al Yo.
Hay
algo enfermo en querer probar la verdad.
Los
ídolos no son más que verdades proyectadas.
Se
lee en Más allá... “ ¿Cómo? ¿Un gran hombre? Yo veo tan solo siempre al
comediante de su propio ideal” .
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