Enrique Loffreda
LA INTERPRETACIÓN EN PSICOANÁLISIS:

"PER VÍA DI LEVARE" MA NON TROPPO

En realidad, entre la técnica sugestiva y la analítica existe una máxima oposición, aquella misma oposición que respecto a las artes encerró Leonardo da Vinci en las fórmulas per via di porre y per via di levare. La pintura, dice Leonardo, opera per via di porre, esto es ,va poniendo colores donde antes no los había sobre el blanco lienzo. En cambio, la escultura procede per via di levare, quitando de la piedra la masa que encubre la superficie de la estatua en ella contenida. Idénticamente, la técnica sugestiva actúa per via di porre; no se preocupa del origen, la fuerza y el sentido de los síntomas patológicos, sino que les sobrepone algo - la sugestión - que supone ha de ser lo bastante fuerte para impedir la exteriorización de la idea patógena. En cambio, la terapia analítica no quiere agregar nada, no quiere introducir nada nuevo, sino por el contrario quitar y extraer algo, y con este fin se preocupa de la génesis de los síntomas patológicos y de las conexiones de la idea patógena que se propone hacer desaparecer.
S. Freud
Sobre psicoterapia (1904)

EL FRUSTRADO SUEÑO DE UNA TUMBA

Giuliano della Rovere fue sin duda un verdadero adelantado. Al mejor estilo de nuestra clase política, sobornó a sus pares y logró ser elegido Papa allá por 1503. Conocido como Julio II, se dedicó a acrecentar su cuantiosa fortuna vendiendo indulgencias al por mayor a los incautos pecadores, aterrados por los fuegos el infierno. Claro que todas estas atrocidades eran hechas con el mejor de los propósitos: lograr que su tumba fuera la más fastuosa de la cristiandad. A tal efecto contrató a Miguel Ángel para que la diseñara y construyera con la magnificencia que él creía merecer; pero hete aquí que algunos años más tarde sus arcas tocaron fondo y debió renunciar a su soñada megatumba. Afortunadamente Miguel Ángel había trabajado lo suficiente como para que hoy podamos admirar algunas de sus más hermosas e impresionantes esculturas, frutos de aquel abortado proyecto. Por alguna razón desconocida, ciertas obras del encargo juliano fueron terminadas (por ejemplo el maravilloso Moisés, hoy pobremente emplazado en San Pietro in Víncoli) mientras otras quedaron inconclusas, dando origen así a lo que se dio en llamar el "nonfinito".

Para llegar al imponente David, expuesto en la Academia de Florencia, debemos atravesar un largo corredor flanqueado por una serie de esculturas, precisamente aquellas esculpidas para la tumba de Julio II y que parecieran no estar terminadas. A diferencia del Moisés o del David, obras de un acabado perfecto, estas esculturas generan en el espectador una extraña inquietud. Algo surge de esa zona vagamente esbozada entre la piedra en bruto y el nacimiento de una forma, marcando el poder de una naturaleza que pareciera impedir la fuga de una imagen semiatrapada en lo indeterminado; algo que curiosamente provoca al espectador.

LAS COMPARACIONES Y SUS RIESGOS

Se podrían extraer de la cita de Freud consignada en el comienzo algunas conclusiones sobre la interpretación en psicoanálisis. Esta podría entenderse como una manera de despojar el discurso del paciente de su significado aparente, llegando a descubrir así algún sentido que sólo podría ponerse de manifiesto "tallando" sus palabras y de este modo "per via di levare" transformar la dirección de su decir. Esta modificación, este cambio de rumbo inesperado que surge a partir de una interpretación lograda, permitiría una transmutación al despojar de su ropaje aparente a las palabras del analizante, ancladas en una diégesis que parasita su vida. Aunque la metáfora pueda parecernos acertada, encierra sus dificultades: en primer lugar el cincel del escultor no trabaja sobre un sentido dado en la piedra, sino que lleva a ésta de su informe masa original sin significación alguna, a una forma de cuya armonía dependerá el éxito de su causa final. Por otra parte, la "vía di levare" desarrollada de manera adecuada puede concluir, y es de esperar que así sea, en un producto con un sentido estético que debiera preservarse de toda modificación si logra interpretar de forma acabada aquello que su autor quiso trasmitirnos. Este último rasgo me recuerda las interpretaciones que, congeladas en complejos trabajos (llamados clínicos) o en pulidas presentaciones, componen la larga exposición de la estatuaria psicoanalítica.

Resulta claro que ni la comparación del trabajo sobre la piedra informe, ni la invariancia de la producción, son características aplicables sin más al tratamiento psicoanalítico. Teniendo en cuenta estas dificultades, ¿por qué Freud habrá recurrido a esta metáfora? Debemos tener presente que esta cita pertenece a una disertación de Freud frente a un auditorio compuesto exclusivamente por médicos, siendo su intención principal despegar al psicoanálisis de la hipnosis, por ese tiempo dominante en el campo de los tratamientos de las enfermedades "nerviosas". Las intervenciones proclives a sugerir, aconsejar y hasta imponer al paciente determinadas conductas siempre disgustaron profundamente a Freud quien en esa misma conferencia explica su abandono de la hipnosis precisamente por el desagrado que le producía el forzamiento de la conducta del paciente "per vía di porre" (aporreándolo si fuera necesario). Ese sobreagregado, esa intromisión "terapéutica" del médico tratando de "pintar" al paciente a su imagen y semejanza arrogándose un saber superior, debía ser claramente denunciada como opuesta al tratamiento psicoanalítico. Es así como recurre a la expresión de Leonardo para reforzar frente a sus colegas de entonces la diferencia radical entre su propuesta y todo lo conocido hasta entonces en materia terapéutica; pero genera sin duda dificultades insoslayables.

De todas maneras, aún teniendo en cuenta los peligros que encierra y las circunstancias en que fue empleada, la metáfora puede tener alguna utilidad para definir y conceptualizar ciertas características de la interpretación psicoanalítica.

LOS LÍMITES DE LA SEMIÓTICA

Se da en nuestro trabajo una curiosa situación: a pesar de las interpretaciones que realizamos como analistas, no somos intérpretes, y por esta razón este particular modo de interpretar no responde a una estructura semiótica.

La relación intérprete - signo - denotado, resulta inoperante cuando la función de signo (aquello que representa algo para alguien) se transforma en significante (lo que representa a un sujeto frente a otro significante). Al no operar el signo como tal, pragmática, semántica y lingüística dejan de cumplir su función en la estructura semiótica.
Veamos que relación puede tener ésto con la definición de Leonardo. El cincel de Miguel Angel en su "nonfinito" o el de Rodín en algunas de sus obras se detiene en ese misterioso borde, comienzo del despliegue de una forma, lugar donde el "inter" de la inter-pretación cobra un sentido muy especial, pues no es ya el escultor quien interpreta sino el ocasional espectador quien tiene a su cargo colocar en el espacio de la transición algo que no será cualquier cosa, pero tampoco algo unívoco. Logran plasmar de ese modo un momento de surgimiento significante, que de continuar la causa eficiente encarnada en el escultor culminaría en su causa final, esto es: la escultura en su forma acabada. Pero la finalización de la obra, la coloca ya en posición de signo (representará algo para alguien) y aunque guarde necesariamente algo de su función significante, esta se ocultará detrás de la forma que como señuelo nos hará olvidar su inquietante origen. Esta inquietud, ese desasosiego que provoca, ese sostenerse en el espacio del surgimiento significante, genera una suerte de necesidad de concluir la obra.

De haber continuado el venerable saqueo juliano capaz de proveer de fondos al emprendimiento faraónico - cristiano de su tumba ¿hubiese decidido Miguel Ángel dejar inacabadas las impresionantes esculturas de los esclavos?. No existen testimonios firmes que permitan responder esta pregunta, pero difícilmente hubiese renunciado a la posibilidad de concluirlas con el nivel de perfección alcanzado en la mayoría de sus obras. Con una dificultad semejante nos enfrentamos todos los días, cuando desde nuestra modesta función de analistas nos imponemos no seguir adelante con una interpretación que podría otorgar un sentido acabado al decir de un paciente, para sostenernos en esa inquietante zona de indefinición. El "pecado de analista" es precisamente caer en la tentación de la "vía di levare" hasta sus últimas consecuencias. Muchas veces debemos controlar el impulso de terminar la obra, puliendo nuestras intervenciones al punto de convertirlas en piezas de museo. Sabemos que eso deja al paciente en una función contemplativa frente a la "obra", situación muy grata para analizante y analista, pero muy poco productiva para el análisis. No es lo mismo contemplar una interpretación que ser provocado a producirla. La función significante provoca, descubriendo al sujeto del discurso escondido en su decir.

Y como no podría ser de otra manera, dejo este trabajo inconcluso.

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