LA TÉCNICA PSICOANALÍTICA:

LOS PELIGROS DE UN PRE-TEXTO.

(Resumen preliminar del trabajo de un grupo de estudio sobre la técnica del psicoanálisis)

Integrantes:
Lic. Raúl Conforti
Lic. Ana Inés Ferreira
Dr. Enrique Loffreda(coordinador)

1.- INTRODUCCIÓN

Cuando decidimos, dentro de las actividades del Club de Analistas, la conformación de un grupo de trabajo sobre técnica psicoanalítica, nos llamó la atención el gran interés despertado por el tema. Dicho interés resultó inversamente proporcional al número de colegas dispuestos a trabajar de manera sistemática sobre un tópico tan controvertido. El grupo, después de sucesivas deserciones, quedó conformado por sólo tres integrantes quienes afrontamos la tarea de elaborar este informe.
Quizá el resultado pueda parecer exiguo pero no fueron pocas las dificultades que debimos afrontar cuando iniciamos el estudio de un campo tan caótico como el de la técnica psicoanalítica.
Comenzamos nuestra tarea planteándonos algunas preguntas que, tal como lo propone Heidegger, resulta la mejor manera de construir un camino. El primer interrogante surgió cuando comprobamos la limitada respuesta a la convocatoria. No sabíamos si atribuirla al conocimiento exhaustivo por parte de nuestros colegas de un tema largamente estudiado o si por el contrario se presentaba como una oscura cuestión de un pasado poco feliz del psicoanálisis.
A poco andar comprobamos la validez de esta última opción, en tanto la abundante y antigua bibliografía encontrada nos puso sobre la pista de las confusiones existentes. Dentro de la llamada "teoría de la técnica" se mezclaban conceptos correspondientes a la interpretación, la transferencia, el estilo, los procedimientos, el encuadre... en fin una serie de cuestiones fundamentales para el psicoanálisis pero incluidas de tal manera dentro del concepto de técnica que su delimitación se tornaba poco menos que imposible.
A la sombra de esta confusión, muchos de los criterios supuestamente técnicos funcionaron en la historia del análisis como falsos reaseguros tomados por algunos principiantes como dogmas indiscutibles y por algunas obsoletas instituciones psicoanalíticas como principal sostén y razón de ser. La frecuencia de las sesiones o el uso del diván son claros ejemplos de lo que todavía en algunos trabajos se incluye como parte de la técnica. Fijar ciertas variables y suponer que se trata de preceptos técnicos capaces de definir nuestra praxis puede resultar muy tranquilizador para quien enseña y quien aprende pero muy poco eficaz a la hora de afrontar la tarea clínica.

2.- INTENTANDO DELIMITAR EL CAMPO

La dificultad para encontrar definiciones claras sobre técnica se contrapone con las minuciosas guías dedicadas a legislar la "buena forma de administrar el psicoanálisis", guías que terminan fundando el confuso campo de la llamada "teoría de la técnica". De este modo reglas, métodos y procedimientos terminan de manera indiscriminada en una misma bolsa atiborrada de indicaciones carentes de rigor.
Se torna pues necesario intentar una definición capaz de otorgar sentido a todo aquello comprendido dentro de la técnica en nuestra tarea clínica y éste resultó finalmente el motivo principal del presente trabajo.

Comenzamos por indagar las vertientes históricas del concepto de técnica en occidente y nos encontramos con una sugestiva transformación de su sentido.
Del vocablo griego deriva la palabra técnica, pero aunque resulte clara su etimología, el sentido del término ha sufrido profundos cambios. Su significación originaria estaba referida a un "saber hacer" sólo aprehensible a partir de una práctica asistida por un maestro y pasando por una rigurosa experiencia ascética. En cambio, el concepto moderno de técnica deja de lado la subjetividad de quien ejerce determinada tarea. En este caso, la aplicación de la técnica se posibilita a partir de la adquisición de los conocimientos necesarios para operar en tanto haya un entrenamiento intelectual adecuado. Un buen aprendizaje obtenido a través de lecturas o enseñanzas colocan a quien haya asimilado dichos conocimientos en condiciones de ejercer cualquier actividad en la que pueda ser aplicada la técnica aprendida.
Lejos de la erudición lograda de este modo se encuentra la paciente labor requerida para la adquisición de la antigua definida como un saber que puede ser aprendido pero no enseñado, al menos con las prácticas pedagógicas de la modernidad.

La confusa maraña de conjeturas tejidas en torno a la técnica psicoanalítica podría despejarse si atendemos a su directa vinculación con el originario concepto de la griega como un saber no vinculado a un conocimiento intelectual. Para adquirir dicho saber no valen escritos ni seminarios por más complejos o brillantes que fueren.
La arrogancia de la erudición produce aquí los desastres clínicos más resonantes y pone de manifiesto la ineludible función del análisis personal. El saber atesorado a partir de éste análisis no se obtiene con la acumulación de conocimientos tal como se da en todas las ramas de la ciencia, siendo ésta una de las razones por las cuales ubicamos al psicoanálisis fuera del campo científico. Si bien es cierto que el estudio de la teoría no difiere del empleado por cualquier rama de la ciencia, el manejo de su técnica se deriva de un saber de lo inconsciente, esencialmente diferente del conocimiento intelectual.
Tampoco podemos considerar la técnica del psicoanálisis dentro del quehacer artístico pues aunque puede haber algunos puntos de contacto no se confunden. Entendemos que no se trata en el trabajo analítico de obtener un objeto valioso a nivel estético, aunque se aspire a lograr capacidad creativa.
Ni la erudición por su lado ni la habilidad artesanal por el suyo pueden lograr, cada una de ellas por separado, una tarea eficaz.
La ineludible adquisición de los conocimientos sólo se obtiene a través del estudio permanente, que debiera ser tan constante como el tránsito por el saber inconsciente, posible sólo a partir del análisis personal.
Así como resulta inagotable la adquisición de conocimientos, también lo es el análisis de las propias formaciones inconscientes.
En nuestra práctica observamos a diario una desaforada compulsión a obtener conocimientos cada vez más complejos que supuestamente podrían mejorar el manejo de la técnica y un olvido proporcional de la ardua tarea de explorar el saber inconsciente.
La técnica psicoanalítica, aunque pueda ser aprendida y aprehendida, tal como lo hemos consignado anteriormente, no puede ser enseñada y quizá sea ésta una de las razones de la carencia de tratados serios sobre el tema pues todo lo que podrían contener son los motivos de su imposible trasmisión intelectual.
Esta última afirmación puede resultar un tanto extraña para el pensamiento moderno por la drástica transformación sufrida por la antigua noción de . La búsqueda de la eficacia fue transformando la técnica en una sistematización de conocimientos y las indicaciones precisas para cumplir con procedimientos ordenados lograron un impresionante perfeccionamiento. Pero el acto creativo, aquel que posibilita los verdaderos descubrimientos en cualquier área de la actividad humana, queda por definición al margen de un criterio preestablecido.
El psicoanálisis, creado y desplegado al margen de los cánones científicos consagrados, precisa de una definición de técnica capaz de dar cuenta de su praxis, considerando que no podrá contar con caminos preestablecidos.

3.- TÉCNICA Y VERDAD

Martin Heidegger en su conferencia de 1953 titulada "La pregunta por la técnica", retoma el originario concepto griego de verdad ( ). Considerando que significaba olvido, anteponer la privativa nos estaría indicando una negación del olvido, un modo de traer algo de aquello que ha quedado oculto.
Queda claro que esta manera de entender la verdad en nada se asemeja al enunciado de la verdad proposicional fundada en el silogismo aristotélico que ha monopolizado el criterio de verdad en el pensamiento moderno. No resulta lo mismo exponer una verdad incontrastable para la razón que explorar cuidadosamente lo olvidado por la "ratio".
En ese desocultamiento, en ese develamiento progresivo a partir del respeto por una verdad oculta, se juega el valor del antiguo concepto de .
El acto creativo surge precisamente de este descubrir sin precondiciones una verdad olvidada y la técnica para lograrlo deberá regirse por el despliegue de una libertad que torna la cuestión particularmente compleja.
Respondiendo a la necesidad de la libertad aludida, ¿se podrá hacer cualquier cosa?. Pensamos que el vale todo constituye uno de los más grandes peligros que afronta el psicoanálisis después de los desesperados y ya por suerte casi descartados esfuerzos por normatizar su práctica y nos encontramos en la lamentable situación de la "carencia de concepto" sin haber podido incorporar aún en toda su dimensión el "concepto de carencia".

4- LA TÉCNICA ENTRELÍNEAS Y SU "ENSEÑANZA"

Clarice Lispector ha desarrollado una idea que, aunque referida a la escritura nos parece muy significativa en relación a la técnica psicoanalítica. Esta autora nos dice que:

"Escribir es la táctica de quien tiene la palabra como carnada, la palabra pescando lo que no es palabra. Cuando esa no palabra, la entrelínea, muerde la carnada, algo se escribió.
Una vez que se pescó la entrelínea, se puede con alivio tirar la palabra. La no palabra al morder la carnada la incorporó."

A la manera del escritor que encuentra lo oculto en la entrelínea a través de la palabra-carnada, quizá también podamos pensar la tarea del analista y su técnica como una manera de transformar aquello no constituido como palabra y lograr la inscripción de algo imposible en tanto "no palabra". Esta inscripción no predecible, proveniente de lo real, nos dirá su verdad siempre entrelíneas.

Ahora bien, ¿cómo enseñar la pesca de la entrelínea?.
Hannnah Arendt ha afirmado de manera precisa que "enseñar es introducir a alguien en una realidad que lo precede". Esta simple y al mismo tiempo profunda definición de enseñanza nos da una clara idea de la dificultad para la trasmisión del saber de una técnica entendida como desocultamiento.
La verdad lograda a partir de dicho desocultamiento no podría ser una realidad precedente pues en ese caso ya habría sido desocultada con anterioridad y no constituiría una verdad oculta. No podremos hablar entonces de enseñanza de la técnica definida de este modo, sino de trasmisión de un saber que, como saber inconsciente, sólo podrá incorporarse a través de la experiencia personal.
En el caso del psicoanálisis esto se encuentra estrictamente vinculado al análisis del analista, siendo el mismo condición absolutamente necesaria (aunque no suficiente) para el ejercicio de la tarea clínica.
Nos encontramos así frente a la particular condición de la técnica que como tal puede incorporarse como saber sin posibilidad de ser enseñada en tanto conocimiento precedente. Todos aquellos preceptos tendientes a crear las condiciones para la aplicación de la técnica y que la experiencia acumulada ha logrado reunir en un conjunto de normas eficaces tales como los métodos y procedimientos psicoanalíticos, deberían a nuestro entender excluirse del concepto de técnica.

5.- SAPOS DE OTRO POZO

Separar del campo de la técnica los métodos y los procedimientos no resulta un remilgado purismo terminológico. Esta precisión responde a la necesidad de establecer ciertos límites sin los cuales queda comprometida la definición misma del análisis.
El concepto de técnica científica ha contaminado nuestra tarea fomentando la tendencia a ubicar el psicoanálisis dentro del complejo y poco preciso campo de la psicología, subsidiaria del moderno concepto de técnica.
Es indudable que sí existen indicaciones tendientes a marcar un sendero por el cual transitar durante el análisis, pero éstas debieran entenderse como método, palabra derivada del griego s que significa camino. Sabemos de muchos caminos a transitar para descubrir algún fragmento de esa verdad oculta y la experiencia le marcará a cada analista los caminos por los cuales puede transitar de la mejor manera. También resulta indispensable conocer los trayectos que llevan a callejones sin salida con el objeto de evitarlos. En este sentido constituyen ejemplos muy interesantes las exploraciones del propio Freud con el objeto de encontrar un camino productivo para la exploración inconsciente. Hipnotizar a los pacientes o colocarles la mano en la frente intentando "exprimir" una verdad, no constituyeron búsquedas relacionadas con la técnica sino formas de descartar métodos que a poco andar demostraron su ineficacia.
Estos caminos sí pueden ser enseñados como conocimientos preexistentes en tanto probadas vías que facilitan la búsqueda de la verdad inconsciente. Pero la técnica para trabajar con dicha verdad no debiera confundirse con un procedimiento que debe conocerse con antelación.
Los tanteos que produjeron una aproximación productiva en relación con la técnica pasaron por la compleja exploración de las formaciones inconscientes del propio Freud.

6.- LA PROCESIÓN DE LOS DEVOTOS DEL CONOCIMIENTO

Procedimiento proviene del latín processio, -onis, que significa "acción de adelantarse" "salida solemne" (de allí proviene procesión).
Las acciones que promueven el aprendizaje y la lectura de los textos forman parte de la necesaria incorporación de procedimientos y, del mismo modo que los métodos, pueden ser aprendidos a partir de la enseñanza y el estudio. Esta indispensable capacitación teórica lejos está de mejorar la condición técnica en análisis aunque resulte moneda corriente la opinión contraria. Con frecuencia observamos en la formación de los analistas una llamativa hipertrofia de los desarrollos conceptuales muchas veces con la pretensión oculta de reemplazar el análisis del propio analista. Éste resulta ser el verdadero aprendizaje de la técnica de exploración de lo inconsciente, aquella que sólo puede incorporarse a partir de la experiencia personal.
Existen numerosos ejemplos de grandes conocedores de las obras de Freud, Klein, Lacan, etc. que ejercen con éxito e idoneidad una importante tarea docente y al mismo tiempo revelan una notoria incapacidad para afrontar las vicisitudes de la tarea clínica. Esto muestra que un conocimiento, por más valioso y amplio que fuere, no puede jamás acreditar un saber inconsciente, verdadero fundamento de la técnica psicoanalítica.

7.- QUITAR LO QUE SOBRA

En un artículo publicado en 1905, Freud señalaba la oposición existente entre la técnica sugestiva y la analítica. Citando a Leonardo Da Vinci metaforizó esa oposición estableciendo la diferencia entre el arte de pintar y el de esculpir. La pintura - decía Da Vinci - actúa per vía di porre, poniendo colores allí donde no los había; en cambio la escultura procede per vía di levare, quitando de la piedra la masa que encubre la superficie de la estatua en ella contenida.
Tomando esta diferencia Freud atribuyó al psicoanálisis la condición de actuar per vía di levare.
Un pequeño relato citado por Arnoldo Líberman da cuenta también de ese curioso proceso de descubrir lo oculto a partir de quitar el sobrante.

Se cuenta la historia de un muchacho que, sin haber tomado clases de bellas artes y no disponiendo de otro instrumento que una navaja, en poco tiempo transformaba un rugoso leño en el más acabado y perfecto de los duendes. La gente del lugar se maravillaba con la habilidad del muchacho, a lo que él respondía: <>. Miguel Ángel hubiera, seguramente, aprobado esta leyenda. En todo trozo de madera hay un duende esperando..."

También hay un duende o un demonio escondido en todo discurso; quitar el sobrante y dejarlo al descubierto, dentro del dispositivo analítico, corresponde a lo inefable de la técnica del psicoanálisis.

Continuará

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