Fabián Menéndez - La medicación

Fabián Menéndez

LA MEDICACION

Que el final de Siglo se acerque con gran vértigo no impide que un tema como el de la medicación, en rigor, quede circunscripto sólo a la Psiquiatría.

La ilusión de la cura a los malestares psíquicos, con la ingesta de alguna sustancia, no es exclusiva de este último tiempo. Si bien la más avanzada tecnología en la fabricación de psicofármacos de última generación, supera en condiciones a los anteriores, su origen continúa enlazado al de las Pociones Mágicas, junto a su administrador, "El Brujo de la Tribu"; hoy egresado de la Universidad de Ciencias Médicas, en una de las variantes. Entiéndase por Medicina el arte de curar, y por Medicamento la sustancia empleada para producir efecto curativo.

La ciencia jamás se detiene; y desde la síntesis de los primeros psicofármacos, allá o acá nomás, en los años 50; la revolución llega primero a los depósitos de alienados mentales, en donde se produce un cambio bien marcado del chaleco de fuerza, por los químicos, abandonando, no en su totalidad, pero sí en parte, métodos aún más cruentos de tratamiento.

Efectivamente hay una íntima relación entre la molécula del fármaco y la neurotrasmisión. Entiéndase por neurotransmisión el pasaje de información entre una célula nerviosa emisora y otra receptora; ésta sería la congregación hormonal que para la ciencia rige nuestro pensamiento , imaginando que un verdadero cambio en la neurotransmisión traería aparejado el Mágico Proceso de la Cura . De hecho algo de esto se produce , con una cantidad de limitaciones que sólo la clínica nos permite leer.

Mientras el Analista sabe que el efecto imaginario de la medicación tiene sus consecuencias, la psiquiatría ilusiona una cura por intercambio de neuromediadores químicos en los psicofármacos . Es así que las aguas han quedado tajantemente divididas , casi por oposición.

Entonces no sería desacertado preguntarse por el verdadero efecto de la medicación , más allá de solamente los textos de psicofarmacología y de quienes atrapados en la referencia despectiva al registro imaginario corren el riesgo del congelamiento.

La medicación, en tanto tenga su efecto en poner cierto límite al goce pueda, correcta y equilibradamente administrada, promover la palabra, el hablar del sujeto, generando mejores condiciones para un acceso a la verdad en relación a sus asuntos.

El acto de dar medicación es una intervención que no puede dejar de dirigirse a facilitar lo que se supone, podría develarse, por las vías del lenguaje, en tanto algo diferente pueda surgir.

En ayuda al paciente psicótico, por ejemplo, hay posibilidades de una reinstalación en un dispositivo de lenguaje, produciendo un acotamiento de su delirio, soportado en la práctica, por el buen uso de la medicación.

Este saber hacer de la práctica, tiene carácter de verdadero, testimoniando la imposibilidad psicótica de acceso a cierto simbólico y su efecto en el consabido fuera de control motor.

Un paciente psicótico que dice haber dejado de escuchar la voz de su perseguidor, por encontrarse medicado, no nos dice aún, que de lo escuchado entonces, se sigue manifestando en su producción ideativa.

Los pacientes hablan de la medicación, la llaman por su nombre y nos transmiten las sensaciones que le producen, la incluyen en su vida, forma parte de su miseria, la piden en una receta y la consumen adictivamente, o simplemente pasivos, son iniciados en el ritual de la toma por sugerencia de otro.

Una real ironía, a las serias clasificaciones farmacológicas, son los nombres comerciales elegidos por el laboratorio para el acceso a los consumidores; así ansiolíticos como el Xanax , antidepresivos como el Zoloft, o un tranquilizante mayor como el Laponex, pueden sugerir diversas asociaciones.

Se desprende de estas denominaciones que, ante todo relato transferencial , sobre la administración de la medicación, hay una superposición del medicamento como sustancia con efecto curativo y de la palabra hablada , también como sustancia.

En el espacio de exposición clínica, estas diferentes situaciones transferenciales, en donde se articulan sustancia palabra-medicación, ejemplifican lo expuesto antes.

El primero de los casos se trata de una paciente joven, que llega a la consulta acompañada por su padre . Al comienzo de la misma presenta las recetas de un psiquiatra que vio unos días atras.

Su aspecto denota gran ansiedad, camina con torpeza y su hablar parece afectado por algún problema muscular. Cuenta que mantuvo un romance con su jefe y a partir de esto comienza a padecer de algunos extravíos, no reconociendo donde se encontraba, ni que debía hacer. Creía que éste jefe y otros hombres conocidos la perseguían, se reían de ella y hablaban a sus espaldas, pero no sabe que dicen.

El hermano de la paciente decide llevarla al psiquiatra que consultó anteriormente, pues estaba muy preocupado por lo que ocurría. Durante esa consulta ambos, psiquiatra y hermano, le recomiendan renunciar al trabajo y evitar así ser acusada , por los compañeros , de su extraño comportamiento . La joven accede a renunciar, así como también a tomar los medicamentos que el psiquiatra le indica.

Es entonces cuando muestra una orden de internación, con diagnóstico de insanía mental y delirios persecutorios.

La paciente no está de acuerdo con ese diagnóstico y pide que la ayude a no tener que pasar por una internación, ya que ella no está loca.

Siendo necesario un segundo certificado para llevar a cabo ésta, decidí tomarme algunas entrevistas más.

Llamaba poderosamente la atención, su impregnación en medicación psicótica, y lo expreso así, porque nada hacía pensar que la paciente lo fuera.

La confirmación, de su padecer, al reducir la dosis a la mitad, fue la desaparición de la rigidez, síntoma indeseable de los psicofármacos, y un incremento importante de la angustia, en relación a los episodios ocurridos en los últimos meses.

A través del análisis, quedaron clarificados los celos patológicos de su hermano, por ella; que desde la adolescencia se evidenciaron por los maltratos e intentos de violación.

Tras este inicio consultó durante algún tiempo hasta que, por razones económicas, libidinales y de las otras se suspendió el análisis.

No muy curiosamente, unos tres años después de esto y sin haber tenido noticias durante ese lapso, un llamado de la paciente cierra el capítulo del hermano, éste se suicidó con un disparo, dejando una enigmática carta para ella.

En el próximo caso clínico, el paciente en cuestión se encontraba ya en análisis. Se autoadministraba Alplax, para combatir una serie de síntomas en diferentes partes del cuerpo. Los más significativos atacaban los músculos maseteros, que al comprometerse agudamente le ocasionaban una gangosidad a su voz, acompañada de fuertes zumbidos.

Este diario malestar, eclipsaba su día de trabajo y por la noche, el insomnio lo asaltaba, en una desgarradora soledad angustiosa.

Precipitado por la dependencia a la pastilla, el analista le suspende bruscamente sus cuatro comprimidos diarios, encendiéndose así, en una crisis aún más aguda que la anterior, que sólo con la reinstalación de la dosis, retorna a las preguntas que sostuvieran.<P>

Derivado por su analista, consulta específicamente por la medicación, ante la necesidad de regular aquello que escapaba a control alguno.

Dice que el Alplax no ha tenido el mismo efecto que otros alprazolanes. El sabe del efecto instantáneo que le produce, reconoce que ni siquiera, el tiempo que tarda en disolverse el comprimido en su cuerpo, media para la obtención de la mejoría.

De acuerdo a ciertas circunstancias de la toma, medio comprimido de 1 mg no es igual a un comprimido de medio mg; y más aún teniendo en cuenta el color celeste o rosa de estos comprimidos.

Así revelado, el carácter de homosexualidad encubierta, en la manifestación sintomática, se le comunica al paciente que ser medio no es igual a uno , pero que tal vez uno pueda ser medio.

Las asociaciones apuntan directamente a la muerte del padre y al pago de la deuda que contrajera tras la enfermedad mortal de éste.

Prefirió enfrentar sólo el pago de la misma, como único hijo celeste, antes que comprometer a las rosas de la familia.

Los síntomas dejaron de incomodarlo y durante la primera semana de consulta retomó sus horarios de trabajo y desaparecido el insomnio vuelve a la práctica del deporte.

Actualmente continúa en análisis y el control de su Alplax, sólo ocupa la periferia de su novela.

El último de esta serie de casos clínicos, corresponde a una singularidad diferente. Se trata de una paciente adulta que luego de frecuentar varios psiquiatras, por un insistente insomnio, no ha logrado dormir en los últimos diez años.<P>

Enfundada en una deslumbrante peluca y anteojos oscuros de marco rojo, dice que sólo con cuatro Rohypnol, duerme algunas pocas horas y eso es todo. Cuenta que el pelo del cuero cabelludo, cejas y pestañas lo perdió hace muchos años, y que, a pesar de ver a muchos médicos, nadie sabe lo que le pasó. Me advierte, con un conocimiento casi psicofarmacológico , que a pesar de sentirse triste , no le dé antidepresivos , ya que no le permiten dormir.

La paciente sabe, da cuenta de ello, tiene razones ciertas de porque tomar 4 Rohypnol; " El Adivino" le indica la dosis; " El" no para de hablar, es Dios del Fuego y Dios del Diablo, le quemó el pelo y ahora le dice que le tengo que hacer la receta del Rohypnol; pregunta que medicación le voy a dar.

El efecto de dar la medicación inaugura algo que instala cierta legalidad que rodea al habla delirante.

En sucesivas oportunidades le fue impuesta la toma del fármaco desde la voz del "Adivino ". El agregado de un inyectable trajo aparejado efectos transferenciales. Luego de unas semanas de instalado el mismo, propone lo siguiente: ¿"Nos damos un día?, ¿Salimos para hacer el amor?; me dijo el Adivino que para que tenga más ánimo y para que salga de adentro, tengo que salir con Usted".

El sujeto articula lo que dice escuchar, respondiendo al efecto de "Dar la Medicación". Esto nos revela la emergencia en el lenguaje de una intervención , la que puede ser leída analíticamente.

Equivocado sería esperar según el prospecto farmacológico, un resultado alucinolítico , más allá de que un cambio neuroquímico seguramente se produzca . En cambio si no equivocamos la lectura, este tener que darnos, es en efecto la posición encontrada, en tanto "Dar la Medicación" pudo ser el prólogo del significante alucinatorio "Darnos".

Durante los años que sostuvimos la consulta, el juramento médico de no relacionarse con los pacientes permitió un marco legal a la misma, habilitando así, al sujeto, a seguir hablando de aquello que le hablaba.

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