Mirta Cisneros

    Inspiró el presente trabajo una referencia de Foucault,  sobre el panoptismo, y un juego infantil relatado por un analizante adulto.
    Foucault relata en “Vigilar y castigar” las modalidades que adoptan, en la Edad Media, las autoridades de villas y ciudades aquejadas por la peste, para evitar la propagación y contagio de la misma que conducía a una muerte segura y a la eliminación de gran parte de los ciudadanos que allí habitaban.  
    Los síndicos, eran las personas designadas para controlar que nadie saliera de sus casas en el estado de cuarentena.
    Dice así: “un control ininterrumpido de escritura (la evolución de las personas aquejadas por la peste se asentaban en libros) une el centro de poder con la periferia, el poder se ejerce por entero.  A la peste responde el orden, para evitar que los cuerpos se mezclen y se borren los interdictos.  La disciplina hace valer su poder”.
    Se establece una diferencia en relación a la peste y al leproso.  El leproso es tratado como el marginado, el excluido, “se lo deja perder en una masa poco diferenciada”.  En cambio la peste está enmarcada en una disciplina reticulada, controlada, por diferentes actores, que deben pagar con su vida el no cumplimiento de la norma.                  Entonces encontramos por un lado el exilio del leproso y, por el otro, la comunidad apestada, encerrada, controlada.  En ésta, el control como defensa contra la enfermedad y la muerte, se ejerce hacia adentro, confinando, recluyendo.  En la anterior excluyendo, expulsando.
    La autoridad no puede establecer la ley excepto cuando el peligro es tan grande que las personas indefensas y asustadas aceptan cualquier norma que le venga desde afuera a condición de la promesa de vida.  Es como ocurre en el narcisismo, en donde la indefensión natural del cachorro humano, constituye al Otro en el lugar de poder a cambio de protección y salvación.

¿Qué es lo que da cualidad al objeto?
    Freud, neurólogo, planteaba a la “cualidad” en el Proyecto, como un problema,  se pregunta ¿Cómo se generan las cualidades y dónde? Dice:  “en el mundo externo no, ya que allí sólo existen masas en movimiento y nada más.  Es en el sistema neuronal excitado por la percepción que dan por resultado las diferentes cualidades, sensaciones conscientes, allí donde las cantidades están desconectadas lo más posible  y no se dejan eliminar por completo”.   Es necesario cierta continuidad, tempo, ritmo, para que la cantidad adquiera cualidades específicas.  Entonces, teniendo en cuenta el principio de constancia, ¿la cualidad es primordialmente displacentera?, ¿Qué ocurre entonces cuando se presenta el objeto hostil?  ¿Por qué hostil, quién le da su cualidad? A esta altura, el sistema neuronal incapaz de recibir determinada cantidad de estímulo.   
    Si la percepción del objeto hostil se  presenta nuevamente, ello produce una descarga, un movimiento, el llamado afecto displacentero, cuya cualidad específica no es duradera, no deja huella y no es reproducible, la huella hostil es abandonada inmediatamente porque la experiencia de dolor impidió su investidura, quedando por fuera del comercio asociativo.  Mientras que la experiencia de satisfacción es investidura  y no repulsión de la misma, es atracción de deseo.  
    El dolor deja como secuela en el aparato unas facilitaciones duraderas, como “traspasadas por el rayo”, dice Freud, forma en la que me imagino el agujero que marca lo real en la trama significante.
Al referirse al dolor, Freud, indica que la forma de reaccionr frente a la sensación que proviene del exterior del organismo es la huida, pero no se vale del mismo recurso al tratarse de estímulos internos.  Me pregunto  ¿si la sensación de displacer es la misma en la experiencia de satisfacción que la que se presenta en la experiencia de dolor?  En la primera, la secuela queda investida mientras que en la otra no.  ¿Por qué queda investida?, porque alguien, otro, ajeno, lleva a cabo la acción específica que cancela la sensación, ya que el infante por su desvalimiento no puede hacerlo.  Es la acción específica del  Otro fuente primordial de todos los motivos morales.
A la investida Freud la llama estado de deseo y a la otra defensa primaria, ¿qué es lo que queda por fuera del comercio asociativo, si no es esta experiencia de dolor, cuyas secuelas son comparadas al traspaso de un rayo, expulsadas por defensa reflectoria, entonces pensamos si la presencia del Otro se encuentra en la experiencia de dolor?, pareciera que allí no está presente.
    Lo real aparece en Freud como el obstáculo al principio del placer, lo real se distingue, por su separación del ppio. del placer, por su desexualización, por el hecho de que su economía admite algo nuevo que es lo imposible. El ppio. de placer se caracteriza por estar lo imposible tan presente en él que nunca se lo reconoce como tal, la función del ppio. del placer es satisfacerse mediante la alucinación.  
    Si previamente había considerado la posibilidad de que el displacer sea pensado como una sensación primaria, ¿que es lo que hace que lo displacentero, se convierta en placentero?  
    Freud se pregunta en “Introducción al Narcisismo”, ¿qué relación guarda  el narcisismo con el autoerotismo? y se contesta: “una unidad comparable al yo,  es un supuesto necesario que no está presente desde el comienzo en el individuo, el yo tiene que ser desarrollado.  Ahora, las pulsiones autoeróticas son iniciales, primordiales, por tanto, algo tiene que agregarse al autoerotismo, una nueva acción psíquica, para que el narcisismo se constituya.
    El yo tramita las primeras investiduras de objeto del ello, acogiendo su libido y ligándola, función del ppio. del placer. El niño se identifica con la imagen que de sí mismo le viene de afuera, identificación origen del yo ideal narcisista.  El yo se ofrece como objeto de amor, desexualizando las metas pulsionales (le dice al ello, ámame a mi yo soy como el objeto).  Una parte de su yo trabaja al servicio de la pulsión de destrucción, otra al servicio de la pulsión de vida, invistiendo nuevos objetos del ello. Tanto la sexualización como la desexualización del objeto se llevan adelante por tramitación del yo.  La libido que afluye al él a traves de  identificaciones produce su narcisismo.
    El yo narcisista coincide con lo placentero, el objeto ideal ha sido incorporado, por efecto de una de las tres polaridades que gobiernan la vida anímica, el placer-displacer.
    Si en el narcisismo el yo puede satisfacerse por sí mismo, el mundo exterior le resulta indiferente.  
    El principio de placer da al aparato sentido de cualidad, entonces se expele lo displacentero y se queda con aquello que le proporciona placer.
    El yo va vistiendo distintos ropajes, de un yo realidad primario se muda a un yo placer purificado, este nuevo reordenamiento alcanzado en el narcisismo modifica la relación del yo con el objeto, se ama a sí mismo a imagen y semejanza del ideal.
    Lo exterior, lo ajeno, lo odiado, habrían sido al principio idénticos, pero cuando se postula como fuente de placer, por el apoyo en las pulsiones de autoconservación, es incorporado al yo.
    Es en esta Introducción del narcisismo que Freud presupone la existencia de una energía indiferente, que por el acto de investidura del objeto se convierte en libido.  Esta energía indiferente, desplazable, proviene del acopio libidinal narcisista, dice Freud en el “Yo y el ello”, que esta energía desplazable trabaja al servicio del ppio. del placer para facilitar descargas e investir al objeto.  Para que se produzca esta carga libidinal es necesaria en la constitución del yo,  el acopio libidinal narcisista.
    Podemos suponer entonces ¿que el narcisismo del cual proviene esta energía indiferente es el narcisismo primario, desexualizado, el que responde a las pulsiones autoeróticas?
    Entonces si hasta ahora se consideraba al ppio. de placer, como el guardián de la vida, cómo es posible se pregunta Freud en “Más allá del ppio. del placer” que existan tantos otros procesos que se lleven a cabo con independencia de éste.
    Se refiere a la repetición. La repetición, implicaría un querer volver atrás, aspiración universal de todo lo vivo. Aparece así el proceso que produce diferencia entre el placer y el displacer.  El displacer es irreductible, más allá del placer, aparece un lugar lógico fuera del aparato  que se presenta como un exterior, en el interior siempre excluido.  Existe algo fuera del universo del ppio. del placer pero necesario para marcar su frontera, su borde.

    Relato de un juego infantil de un analizante:  “Me acuerdo de un jueguito: ‘el Príncipe de Persia’, era que yo estaba frente al espejo encantado,  aparece uno igual a mi, me atacaba, entonces le tiraba un sablazo y me lo tiraba a mí, si yo lo corría se me acercaba, la solución era huír”.  La imagen que le devuelve el espejo ubica al objeto hostil como que le viene de afuera, como la huida es sólo una esperanza imposible, no queda otra más que someterse al objeto, objeto que busca el poder mediante la amenaza de la pérdida de amor y la crítica despiadada que paraliza al sujeto.  El yo ubica al objeto en el lugar del ideal, tanto que el yo le dice al ello: “ámame a mí yo soy como el objeto”, ésta es la única huída que le queda, engaño narcisista si los hay.
    Entonces, la pregunta con la cual abro el presente trabajo: “qué es lo que da cualidad al objeto”, el movimiento propio causado por ese punto excluido que más allá de su principio, no lo completa, si no que permite operar con él.

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