Hace años, una película antológica con Peter Sellers, mostraba un artillero loco montado en la bomba
que caía sobre Hiroshima. "Doctor Insólito" se tituló en español. Crítica mordaz a las posiciones
fanáticamente bélicas, mostrando sarcásticamente la similitud con la actitud nazi. O el barniz sutil que la
encubría.
Película norteamericana, como norteamericanos son, desde hace casi un siglo, los soldados que van a
las sucesivas guerras a morir abrazados a bombas. No eligen hacerlo, aunque su alienación subjetiva les
hace creer que lo hacen, sin entender demasiado por qué pelean. Si su postura es crítica, es tan escuchada
como la brisa en el bosque: No consigue molestar al poder.
Los convencen que mueren por defender "el mundo libre" consiguiendo mercados para unos pocos y
pocos beneficios para sus viudas y huérfanos. Si vuelven es intoxicados de lo mismo que llevaron: algún tipo
de violencia atroz. Producto de los traumas que vivieron pueden ser: O francotiradores en jardines de infantes,
adictos a drogas y alcohol, o sufrir derrumbes en psicosis o melancolías, etc., etc.. Todo menos felices. Sino
mueren lentamente en agonías siniestras, debidas a enfermedades tóxicas por sustancias inoculadas al
enemigo. O quedan mutilados.
Hace tiempo que el horror les vuelve, pero ni siquiera en la caída de las torres lo reconocen fácilmente:
"-Nadie se va a atrever...", sin darse cuenta que ya pasó. Y que hace mucho que su violencia es boomerang.
El acostumbramiento y la aceptación al horror avalan la estadística como ciencia utilizada en lo
humanístico. En el norte de Brasil los desnutridos no alcanzan la altura que pide el ejército: Se bajó la estatura
requerida. Lo "normal" es criterio de aceptación. "Siempre hubo guerras" o "siempre hubo esclavos", o "es
normal tener contracturas". Si es normal (norma, o media) no es patológico. Sin embargo se acepta
comprendiendo, y se rechaza escindidamente al mismo tiempo. Algo alerta que hay otras posibilidades, no
solo las dos de los planteos maniqueístas. Si Inglaterra no bombardea Irlanda por un ataque terrorista del Ira
¿por qué acepta tan fácilmente el planteo de ojo por ojo norteamericano? ¿No convenía tomarse más tiempo
para pensar y dar una respuesta efectiva pero civilizada, que en su misma esencia mostrase la diferencia?
(En ese caso: Nosotros no somos terroristas, no actuamos igual que ellos, no nos atamos una bomba y
atacamos, no usamos nuestra gente para ir a morir).
Es habitual escandalizarse por aquello que gracias a la distancia permite perspectiva. Así nosotros,
argentinos, hemos incorporado rasgos a la normalidad de la corrupción ("se pasó con esa coima". ¿o sea
que hay una coima aceptable?), y nos horrorizaría entrar en un hospital de veteranos norteamericano. A ellos
les espanta tener que estar cuidando sus pertenencias en Latinoamérica. Ambas cosas son deleznables,
pero la "normalidad" las hace tolerables.
La eficacia de la imagen fuerza darse cuenta que lo enviado vuelve. Las torres cayendo son imagen y
símbolo. Pero si no se admite lo enviado: soldados en Europa, Japón, Corea, Vietnam, el Golfo, Chile, etc.,
etc. etc. no hay posibilidad de corte. El Antrax , nacido en Iowa ¡ya en los 50!, (y en los 60 estudiamos muchos
argentinos allí) es la evidencia de la propia infección preparada, la vuelta contra sí mismo de la muerte
preparada para otros.... espiral mortífero sin final.
Y la pobreza lanzada al mundo marginado por las medidas económicas, cultivo de odio e ignorancia.
El espiral, o banda de Moebius, va subvirtiendo las relaciones. Aparecen consecuencias como causa de
males, confundiendo la lógica de la complejidad del fenómeno. El odio del marginado no se reconoce como
respuesta. Y aparece la aniquilación totalitarista como solución.
Los americanos pensantes son antibélicos. Compartiendo manifestaciones contra de la guerra de
Vietnam vimos su valor para enfrentar una represión cruenta. John Lennon y su "give peace a chance" fueron
emblema de ello. También Einstein y Freud se cartearon tratando de contribuir al freno de la guerra como
remedio de algo. Y nos toca de nuevo asistir a la impotencia de la razón.
¿Qué le diría un niño de villa miseria a los niños Afganos, que como él sufrirán terribles consecuencias
de los actos terroristas de sus mayores?. Si tuviera voz ..., que tampoco tuvo ni tiene para frenar el
desamparo en que se encuentra. Víctima indirecta también de la distribución de los esfuerzos de sus
mayores.
En Londres, París, New York, etc. se encuentran hijos de los innumerables exilios de pobreza y
despotismo del mundo miserable. ¿Cómo atacarán desde un fundamentalismo esas ciudades contemplando
su seguridad?. Y desde el otro: ¿Cómo harán para que sus soldados no vuelvan enfermos física, mental y
moralmente, infectados al menos de odio?
El gozo de la pasión desbocada arrastra contagiosamente. Lo vimos en la Plaza de Mayo llena,
cuando nuestros jóvenes eran enviados a una guerra por un gobierno de facto, sin la mínima preparación para
ello. Sabemos de la deuda con ellos: no ha sido ni mínimamente saldada. Testigos desalentados de la
irracionalidad, al menos protejamos nuestro pensamiento para que no se contagie de ella.