Al placer se lo suele asociar a un hedonismo tranquilo que lejos de incomodar
resulta un bien para la política de mercado. Del poder se dice que corrompe,
mientras se supone al erotismo asociado a la oferta cotidiana de publicaciones,
del cine o de la televisión. El autor de este libro entiende imperioso revisar y
desarrollar estas nociones devaluadas tomando como punto de partida algunos de
sus grandes pensadores que han arriesgado palabras como éstas: El programa del
principio de placer está en pugna con el mundo entero, tanto con el macrocosmos
como con el microcosmos. Este programa ni siquiera es irrealizable, pues todo el
orden del universo se le opone, y aún estaríamos por afirmar que el plan de la
¨Creación¨ no incluye el propósito de que el hombre sea ¨feliz¨. Freud
Volver
a los Libros publicados