Ricardo Diaz Romero

EL ESPACIO DEL INSTANTE ANTERIOR

 Pour remplir l´etendue, la nature doit répéter à l´infini

 chacune de ses combinaisons originales […]

Auguste Blanqui, L´Éternité par les astres

 

 

1. Una ausencia aparente:

             Una vez más he querido poner a la consideración de estos "algunos otros" que propicia la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis, esta vez de Rosario, algunas reflexiones y preguntas a las que me han conducido avatares y obstáculos de mi práctica.

           

En esta ocasión se trata de un encuentro, encuentro en el decir de un jovencito. Fue en el tiempo en que la "terapia" – como él nombraba su originario requerimiento – había comenzado a virar hacia el análisis de los síntomas que, como tales, empezaban a interrogarlo dentro del dispositivo freudiano. Fue en este tiempo que relató por primera vez que desde hacía años, al salir a la calle, por las mañanas, en ocasiones, debía someterse a lo que él llamaba "rituales obsesivos"; estos consistían en marchar siguiendo una línea en la vereda o manteniendo una distancia constante, una paralela, digamos, con la pared o con el borde de la acera. El cuidado atento de esta construcción espacial debía prolongarse durante un cierto tiempo para recién luego, poder continuar su día. El no le había concedido importancia hasta este momento en el cual esto comienza a interrogarlo.

 

En su relato sonaba por su insistencia, una frasesita: "en ocasiones"; y esa insistencia me llevó a hacerla resonar. Y, como consecuencia de esto, se puso en evidencia que lo que hacía a la singularidad de tales "ocasiones" consistía en que, aparentemente, en ellas no había - si puedo decirlo así - una antecedencia lógica necesaria, una precedencia lógica necesaria para un "momento de concluir".

 

Intentaré desplegar un poco esto que acabo de decir. Cuando digo que aparentemente no había una precedencia lógica, estoy queriendo decir que no era posible encontrar, allí, en dichas ocasiones, en el tiempo lógico del "instante de la mirada", algo de esa prevalencia de la estructura temporal, de esa predominancia de la estructura temporal que, como lo indicara Lacan, es la consecuencia de suponerlo ya - al “instante de la mirada” -, inmerso en el campo de los significantes: " … la entrada en juego como significantes de los fenómenos aquí en litigio hace prevalecer la estructura temporal y no la espacial del proceso lógico"[1]. Es decir que era una ausencia aparente por el hecho de no prevalecer la estructura temporal del proceso lógico y sus efectos. De todas maneras, suponer allí como antecedencia una estructura espacial del “instante de la mirada” nos coloca en la situación de tener que dar cuenta de esa estructura espacial del proceso y de cómo estaríamos situados allí, en tanto analistas.

 

 

2. La estructura espacial del proceso lógico:

 

 

De esa estructura espacial, Lacan escribió algo que la hace más interesante por lo dificultosa: que dicha estructura espacial del proceso lógico seguramente va a ser fuente de “error” y asiento de “aporías para las formas de la lógica clásica”. Por otra parte, esta prevención que nos hace Lacan ya estaba señalada por la lógica de Port Royal : “Sin preparación y a la ligera se dirá de un retrato de Cesar, que es Cesar, y de un mapa de Italia, que es Italia”. Pero, estas advertencias sumadas al hecho de que la prevalencia de la estructura temporal es, efectivamente, más propicia para el despliegue del método freudiano; no impiden que exista esa función de la estructura espacial y que, como en el caso de ese jovencito, se muestre siendo una función tan específica como necesaria.

 

Es posible que, más allá de lo que nos apercibimos, nosotros sepamos mucho sobre esos “errores” y “aporías” que son efectos de esta parte del “instante de la mirada”. Lacan supo advertirnos, por ejemplo: mostrando un cuadro del pintor Magrite donde se leía, debajo del dibujo de una pipa, “Ceci n´est pas une pipe”(Esto no es una pipa), escrito en letras grandes y de un valor elevado. Evidentemente, el mismo Magrite debe haber considerado que esa no era una advertencia suficiente, ya que realizó un segundo cuadro, con una pipa más realista aún, que proyecta su sombra sobre un fondo de vetas de madera en el que está atornillado un letrerito metálico donde está grabada esta frase: “CECI CONTINUE DE NE PAS ÊTRE UNE PIPE”(Esto continúa sin ser una pipa).

 

Insisto en esto para mostrar que no solo nos es desconocida la presencia de la estructura espacial del “instante de la mirada” - aunque la dejemos de lado por privilegiar el trabajo con el significante -, sino que, además, estamos advertidos de ella por la persistencia de los tales errores o de las aporías devenidas de la pretensión de que algo pueda ser visto de un solo golpe. Eso es el efecto de la estructura espacial del “instante de la mirada”.

 

 

3. El espacio del instante anterior: 

 

 

Si hasta ahora he insistido en decir que solo era aparente la ausencia de tal precedencia lógica para un “momento de concluir” es porque, a partir de una insistencia - de mi parte -, en suponer lógicamente una antecedencia y, en consonancia con ello intervenir nombrándola. Y, además, solicitándole para dichas ocasiones, no asociaciones, no Die Nächte Einfalls, sino descripciones, es decir algo dado a ver; a partir de estos dos modos de intervención, se fue constituyendo, como una combinatoria espacial, esa otra parte del "instante de la mirada" que - repito - habitualmente queda escatimado a nuestra consideración, justamente por aquella predominancia de la estructura temporal.

 

En otras palabras: por una parte, esta suposición y el hecho de nombrarla en una intervención insistente, y por otra parte el hecho de privilegiar la descripción antes que la asociación, llevó a hacer consistir en el discurso del analizante esa estructura espacial que, por mostrarse solamente en una combinatoria - insisto, espacial - he nombrado en mi título de hoy como el espacio del instante anterior, lógicamente anterior a que el significante haga predominar la estructura lógica temporal.

 

Las consecuencias de este encuentro me han llevado a interrogar aquellas situaciones estructurales en las cuales, la esperada estructura temporal no alcanza su prevalencia sino después de un laborioso proceso de estructuración espacial. Proceso que, por otra parte, debería ser considerado como un valioso indicio para saber que estamos ante otra cosa que esos momentos en los que el ana-lisis nos acerca al límite de la estructura temporal.  

 

 

4. El acceso a la estructura temporal no es natural:

 

 

He aquí el relato: “En ocasiones, al salir de mi casa, por la mañana, siento, por un instante, que voy a descomponerme y que todo fuera como un abismo, una cosa infinita. Entonces, desde los ojos, envío "hilitos", líneas, hacia puntos destacados o salientes de una casa, o hasta un árbol, o hasta una esquina… y con eso se me pasa…; pero, debo caminar siguiendo una línea que me haga fácil mantener ese espacio que se me armó ... Así durante un rato hasta que se hacen las calles, las casas, y todas las cosas. A partir de este momento, ya podría contarlo (y hasta me burlo de mí por hacer esto), pero no en el instante anterior … en el instante anterior me parece que tendría que dibujarlo”.

 

Ese espacio que se armó, y que es preciso mantener, me recuerda las ilustraciones del capítulo segundo del libro de Philippe Comar, La perpective en jeu [2](La perspectiva en juego), donde se reproducen diseños y grabados de la época en la que Filippo Brunelleschi realiza su primera experiencia de lo que luego será la perspectiva, hacia 1415. La característica de estos diseños es que, al modo del relato que traigo, envían hilitos o líneas desde un ojo hacia diferentes puntos de un objeto, constituyendo el cono de la visión, un cono que partiendo del ojo se corta en una cónica en el plano del objeto:

 

 

 

 

 

 


Fig. 1

 

Este primer cono debe ser diferenciado de aquel otro que comienza a ser presentado para representar las experiencias del pintor Albrecht Dürer, y que cobraron difusión entre nosotros, en el Seminario XI, como “el portillo de Durero”[3]. Este cono ya tiene otro elemento en el que vienen a inscribirse los objetos, los objetos ya re-presentados, es decir ya incluidos como significantes. Este nuevo elemento que diferencia al segundo cono es lo que, con Lacan nos hemos habituados a nombrar como “pantalla”:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Fig.2                                              pantalla

 

 

Creo que no es aventurado decir que es bajo este modo que podemos escribir ese momento en el cual, el relato, nos hace saber que se hacen las calles, las casas y las cosas, momento a partir del cual, como en un Génesis, el Otro comienza a nombrar con palabras eso que está escrito en letras sobre la pantalla. Momento que inicia la prevalencia de la estructura temporal del “instante de la mirada”, momento de salida del espacio del instante anterior.

 

Aquí ya estamos ante la escena con todos sus elementos, entre otros el punto de la mirada, y el plano del cuadro que incluye e inscribe al sujeto:

 

 

 

 

 

 


   sujeto                                                                         mirada

 

 

 

     plano del cuadro            pantalla                 plano del objeto

 

Fig. 3

 

     Este es el momento del relato en el que el sujeto puede esperar un chiste, puede salir, puede encontrar la consistencia necesaria para soportar la retroacción del “momento de concluir”; al menos hasta el encuentro, una vez más, con una de esas “ocasiones” ante la que, nuestro jovencito, debía volver a construir, una y otra vez, paso a paso, el espacio del instante anterior, y nosotros nos encontrábamos intentando dar cuenta de ese singular punto de estructura que impide la inmediata entrada en juego como significantes de los fenómenos [y] que hace prevalecer la estructura temporal y no la espacial del proceso lógico en el que está incluido el “instante de la mirada”.

 

 

 

4. Algunas consecuencias:

 

 

La clínica que he intentado sobre este encuentro de mi práctica me ha planteado dos tipos de cuestiones:

 

a)      Por una parte, preguntas acerca del estatuto y de la legitimidad de los dos tiempos que constituyeron mi intervención:

-         El primero, fue esa insistente intervención de la que solo he podido decir – a-posteriori – que no tenía otro sustento más que la suposición de la necesariedad lógica de una antecedencia.

-         El segundo, solicitarle que diera a ver, como en un dibujo posible, privilegiando la descripción antes que la asociación. Solicitarle que intentara llevar a la escena eso que, todavía, no llegaba ser “calles”, “casas”, “cosas”, sino que solo era una combinatoria. Solicitarle que diera a ver eso que “dibujaba”, si se puede decir de este modo, prestándome a estar allí como la mirada que organizaría, que sostendría la trama combinatoria que podría a dar soporte al significante. Respecto a este segundo tiempo de mi intervención, he pensado que quienes solicitan dibujos a sus analizantes, quizás podrían decirme algo al respecto.

-         Estas dos cuestiones nos enfrentan a la problemática de tener que buscar una topología que intente situar nuestra acción, en tanto analistas, en aquellos momentos en los que nuestra práctica nos da indicios de estar, ya sea por fuera de la dimensión que instaura el significante, ya sea, como en este caso, en el instante anterior.

 

b)      Por otra parte - y esto será para otro trabajo -,esto me ha llevado a sostener la pregunta acerca de lo que esto podría aportarnos, dentro de nuestra práctica, para dar otras vueltas alrededor de eso que Freud llamó “Inhibición”, es decir esa especie de “potencia” o de instante anterior, por contraposición al “acto” del Síntoma o de la Angustia.

 

 

5. Finalmente, un poeta:

 

 

            Finalizo por donde debiera haber comenzado, es decir por el reconocimiento de mi deuda con el poeta Roberto Juarroz. En un poema suyo encontré la pista que me permitió escuchar de otro modo el relato que he presentado, y en la sinrazón de esos versos encontré un apoyo cuando la razón me hacía obstáculo:

 

¿Dónde está la sombra

de un objeto apoyado contra la pared?

 

                        Escribía suponiendo un espacio.

 

¿Dónde está la imagen

de un espejo apoyado contra la noche?

 

                        Y así, continúa con sus preguntas

 

¿Dónde está la vida

de una criatura apoyada contra sí misma?

¿Donde está el imperio

            de un hombre apoyado contra la muerte?

¿Dónde está la luz

de un dios apoyado contra la nada?

 

Para responder al final:

 

Tal vez en esos espacios sin espacio

esté lo que buscamos.[4]

 

Ricardo Diaz Romero[5]

Rosario – 25 de Julio de 1999 [6] [7]



[1] J. Lacan — Les temps logiques … - Ecrits — Seuil — Paris — 1966 — p.203.

[2] P. Comar – La perspective en jeu – Gallimard – Paris – 1992 – páginas: 29 a 36.

[3] J. Lacan – Les quatre concepts… - Seuil – Paris – 1973 – páginas 85 y 97.

[4][4] Roberto Juarroz  - Octava Poesía Vertical (1984), 1 - Poesía Vertical – T. II – Emecé – Buenos Aires – 1993 – p. 11.

[5] Italia 140 – 2000 – Rosario – Argentina – T: 00-54-341-4250805/4243625 – E-Mail: <diazromero@infovia.com.ar>

[6] Presentado a la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis de Rosario, el Jueves 29 de Julio de 1999.

[7] Agradezco a los integrantes del Cartel “Sobre el intento de formalización de intervenciones del analista”: Silvia Bolster, Norberto Díaz, José Zúberman. Asimismo la lectura y la crítica de Juan Alberto Manino.

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