EL
ESPACIO DEL INSTANTE ANTERIOR
Pour
remplir l´etendue, la nature doit répéter à l´infini
chacune
de ses combinaisons originales […]
Auguste
Blanqui, L´Éternité par les astres
1.
Una ausencia aparente:
Una vez más he querido poner a la consideración de estos "algunos
otros" que propicia la Reunión
Lacanoamericana de Psicoanálisis, esta vez de
Rosario, algunas reflexiones y preguntas a las que me han conducido avatares
y obstáculos de mi práctica.
En
esta ocasión se trata de un encuentro, encuentro en el decir de un jovencito.
Fue en el tiempo en que la "terapia" – como él nombraba su
originario requerimiento – había comenzado a virar hacia el análisis de los
síntomas que, como tales, empezaban a interrogarlo dentro del dispositivo
freudiano. Fue en este tiempo que relató por primera vez que desde hacía años,
al salir a la calle, por las mañanas, en
ocasiones, debía someterse a lo que él llamaba "rituales
obsesivos"; estos consistían en marchar siguiendo una línea en la vereda
o manteniendo una distancia constante, una paralela, digamos, con la pared o con
el borde de la acera. El cuidado atento de esta construcción espacial debía
prolongarse durante un cierto tiempo para recién luego, poder continuar su día.
El no le había concedido importancia hasta este momento en el cual esto
comienza a interrogarlo.
En
su relato sonaba por su insistencia, una frasesita: "en ocasiones"; y
esa insistencia me llevó a hacerla resonar. Y, como consecuencia de esto, se
puso en evidencia que lo que hacía a la
singularidad de tales "ocasiones" consistía en que, aparentemente, en
ellas no había - si puedo decirlo así - una antecedencia lógica necesaria,
una precedencia lógica necesaria para un "momento de concluir".
Intentaré
desplegar un poco esto que acabo de decir. Cuando digo que aparentemente no había
una precedencia lógica, estoy queriendo decir que no era posible encontrar, allí,
en dichas ocasiones, en el tiempo lógico del "instante de la mirada",
algo de esa prevalencia de la estructura temporal, de esa predominancia de la
estructura temporal que, como lo indicara Lacan, es la consecuencia de suponerlo
ya - al “instante de la mirada” -, inmerso en el campo de los significantes:
" … la entrada en juego como
significantes de los fenómenos aquí en litigio hace prevalecer la estructura
temporal y no la espacial del proceso lógico"[1].
Es decir que era una ausencia aparente por el hecho de no prevalecer la
estructura temporal del proceso lógico y sus efectos. De todas maneras, suponer
allí como antecedencia una estructura espacial del “instante de la mirada”
nos coloca en la situación de tener que dar cuenta de esa estructura espacial
del proceso y de cómo estaríamos situados allí, en tanto analistas.
2.
La estructura espacial del proceso lógico:
De
esa estructura espacial, Lacan escribió algo que la hace más interesante por
lo dificultosa: que dicha estructura espacial del proceso lógico seguramente va
a ser fuente de “error” y asiento de “aporías para las formas de la lógica
clásica”. Por otra parte, esta prevención que nos hace Lacan ya estaba señalada
por la lógica de Port Royal : “Sin
preparación y a la ligera se dirá de un retrato de Cesar, que es Cesar, y de
un mapa de Italia, que es Italia”. Pero, estas advertencias sumadas al
hecho de que la prevalencia de la estructura temporal es, efectivamente, más
propicia para el despliegue del método freudiano; no impiden que exista esa
función de la estructura espacial y que, como en el caso de ese jovencito, se
muestre siendo una función tan específica como necesaria.
Es
posible que, más allá de lo que nos apercibimos, nosotros sepamos mucho sobre
esos “errores” y “aporías” que son efectos de esta parte del
“instante de la mirada”. Lacan supo advertirnos, por ejemplo: mostrando un
cuadro del pintor Magrite donde se leía, debajo del dibujo de una pipa, “Ceci
n´est pas une pipe”(Esto no es
una pipa), escrito en letras grandes y de un valor elevado. Evidentemente,
el mismo Magrite debe haber considerado que esa no era una advertencia
suficiente, ya que realizó un segundo cuadro, con una pipa más realista aún,
que proyecta su sombra sobre un fondo de vetas de madera en el que está
atornillado un letrerito metálico donde está grabada esta frase: “CECI
CONTINUE DE NE PAS ÊTRE UNE PIPE”(Esto continúa sin ser una pipa).
Insisto
en esto para mostrar que no solo nos es desconocida la presencia de la
estructura espacial del “instante de la mirada” - aunque la dejemos de lado
por privilegiar el trabajo con el significante -, sino que, además, estamos
advertidos de ella por la persistencia de los tales errores o de las aporías
devenidas de la pretensión de que algo pueda ser visto de un solo golpe. Eso es
el efecto de la estructura espacial del “instante de la mirada”.
3.
El espacio del instante anterior:
Si
hasta ahora he insistido en decir que solo era aparente la ausencia de tal
precedencia lógica para un “momento de concluir” es porque, a partir de una
insistencia - de mi parte -, en suponer lógicamente una antecedencia y, en
consonancia con ello intervenir nombrándola. Y, además, solicitándole para
dichas ocasiones, no asociaciones, no Die
Nächte Einfalls, sino descripciones, es decir algo dado a ver; a partir de
estos dos modos de intervención, se fue constituyendo, como una combinatoria
espacial, esa otra parte del "instante de la mirada" que - repito -
habitualmente queda escatimado a nuestra consideración, justamente por aquella
predominancia de la estructura temporal.
En
otras palabras: por una parte, esta suposición y el hecho de nombrarla en una
intervención insistente, y por otra parte el hecho de privilegiar la descripción
antes que la asociación, llevó a hacer consistir en el discurso del analizante
esa estructura espacial que, por mostrarse solamente en una combinatoria -
insisto, espacial - he nombrado en mi título de hoy como el espacio del
instante anterior, lógicamente anterior a que el significante haga
predominar la estructura lógica temporal.
Las
consecuencias de este encuentro me han llevado a interrogar aquellas situaciones
estructurales en las cuales, la esperada estructura temporal no alcanza su
prevalencia sino después de un laborioso proceso de estructuración espacial.
Proceso que, por otra parte, debería ser considerado como un valioso indicio
para saber que estamos ante otra cosa que esos momentos en los que el ana-lisis
nos acerca al límite de la estructura temporal.
4.
El acceso a la estructura temporal no es natural:
He
aquí el relato: “En ocasiones, al salir
de mi casa, por la mañana, siento, por un instante, que voy a descomponerme y
que todo fuera como un abismo, una cosa infinita. Entonces, desde los ojos, envío
"hilitos", líneas, hacia puntos destacados o salientes de una casa, o
hasta un árbol, o hasta una esquina… y con eso se me pasa…; pero, debo
caminar siguiendo una línea que me haga fácil mantener ese espacio que se me
armó ... Así durante un rato hasta que se hacen las calles, las casas, y todas
las cosas. A partir de este momento, ya podría contarlo (y hasta me burlo de mí
por hacer esto), pero no en el instante anterior … en el instante anterior me
parece que tendría que dibujarlo”.
Ese
espacio que se armó, y que es preciso mantener, me recuerda las ilustraciones
del capítulo segundo del libro de Philippe Comar, La
perpective en jeu [2](La
perspectiva en juego), donde se reproducen diseños y grabados de la época
en la que Filippo Brunelleschi realiza su primera experiencia de lo que luego
será la perspectiva, hacia 1415. La característica de estos diseños es que,
al modo del relato que traigo, envían hilitos o líneas desde un ojo hacia
diferentes puntos de un objeto, constituyendo el cono de la visión, un cono que
partiendo del ojo se corta en una cónica en el plano del objeto:

Fig.
1
Este
primer cono debe ser diferenciado de aquel otro que comienza a ser presentado
para representar las experiencias del pintor Albrecht Dürer, y que cobraron
difusión entre nosotros, en el Seminario XI, como “el portillo de Durero”[3].
Este cono ya tiene otro elemento en el que vienen a inscribirse los objetos, los
objetos ya re-presentados, es decir ya incluidos como significantes. Este nuevo
elemento que diferencia al segundo cono es lo que, con Lacan nos hemos
habituados a nombrar como “pantalla”:

Fig.2
pantalla
Creo
que no es aventurado decir que es bajo este modo que podemos escribir ese
momento en el cual, el relato, nos hace saber que se
hacen las calles, las casas y las cosas, momento a partir del cual, como en
un Génesis, el Otro comienza a nombrar con palabras eso que está escrito en
letras sobre la pantalla. Momento que inicia la prevalencia de la estructura
temporal del “instante de la mirada”, momento de salida del espacio del
instante anterior.
Aquí
ya estamos ante la escena con todos sus elementos, entre otros el punto de la
mirada, y el plano del cuadro que incluye e inscribe al sujeto:

sujeto
mirada
plano
del cuadro
pantalla
plano del objeto
Este
es el momento del relato en el que el sujeto puede esperar un chiste, puede
salir, puede encontrar la consistencia necesaria para soportar la retroacción
del “momento de concluir”; al menos hasta el encuentro, una vez más, con
una de esas “ocasiones” ante la que, nuestro jovencito, debía volver a
construir, una y otra vez, paso a paso, el espacio del instante anterior, y
nosotros nos encontrábamos intentando dar cuenta de ese singular punto de
estructura que impide la inmediata entrada
en juego como significantes de los fenómenos [y] que hace prevalecer la
estructura temporal y no la espacial del proceso lógico en el que está
incluido el “instante de la mirada”.
4.
Algunas consecuencias:
La
clínica que he intentado sobre este encuentro de mi práctica me ha planteado
dos tipos de cuestiones:
a)
Por una parte, preguntas acerca del estatuto y de la legitimidad de los
dos tiempos que constituyeron mi intervención:
-
El primero, fue esa insistente intervención de la que solo he podido
decir – a-posteriori – que no tenía otro sustento más que la suposición
de la necesariedad lógica de una antecedencia.
-
El segundo, solicitarle que diera a ver, como en un dibujo posible,
privilegiando la descripción antes que la asociación. Solicitarle que
intentara llevar a la escena eso que, todavía, no llegaba ser “calles”,
“casas”, “cosas”, sino que solo era una combinatoria. Solicitarle que
diera a ver eso que “dibujaba”, si se puede decir de este modo, prestándome
a estar allí como la mirada que organizaría, que sostendría la trama
combinatoria que podría a dar soporte al significante. Respecto a este segundo
tiempo de mi intervención, he pensado que quienes solicitan dibujos a sus
analizantes, quizás podrían decirme algo al respecto.
-
Estas dos cuestiones nos enfrentan a la problemática de tener que buscar
una topología que intente situar nuestra acción, en tanto analistas, en
aquellos momentos en los que nuestra práctica nos da indicios de estar, ya sea
por fuera de la dimensión que instaura el significante, ya sea, como en este
caso, en el instante anterior.
b)
Por otra parte - y esto será para otro trabajo -,esto me ha llevado a
sostener la pregunta acerca de lo que esto podría aportarnos, dentro de nuestra
práctica, para dar otras vueltas alrededor de eso que Freud llamó “Inhibición”,
es decir esa especie de “potencia” o de instante anterior, por contraposición
al “acto” del Síntoma o de la Angustia.
5.
Finalmente, un poeta:
Finalizo
por donde debiera haber comenzado, es decir por el reconocimiento de mi deuda
con el poeta Roberto Juarroz. En un poema suyo encontré la pista que me permitió
escuchar de otro modo el relato que he presentado, y en la sinrazón de esos
versos encontré un apoyo cuando la razón me hacía obstáculo:
¿Dónde
está la sombra
de
un objeto apoyado contra la pared?
Escribía
suponiendo un espacio.
¿Dónde
está la imagen
de
un espejo apoyado contra la noche?
¿Dónde
está la vida
de
una criatura apoyada contra sí misma?
¿Donde
está el imperio
de un hombre apoyado contra la muerte?
¿Dónde
está la luz
de
un dios apoyado contra la nada?
Para
responder al final:
Tal
vez en esos espacios sin espacio
esté
lo que buscamos.[4]
Ricardo
Diaz Romero[5]
Rosario
– 25 de Julio de 1999 [6]
[7]
[1]
J. Lacan — Les temps logiques …
- Ecrits — Seuil — Paris —
1966 — p.203.
[2] P. Comar – La perspective en jeu – Gallimard – Paris – 1992 – páginas: 29 a 36.
[3] J. Lacan – Les quatre concepts… - Seuil – Paris – 1973 – páginas 85 y 97.
[4][4] Roberto Juarroz - Octava Poesía Vertical (1984), 1 - Poesía Vertical – T. II – Emecé – Buenos Aires – 1993 – p. 11.
[5] Italia 140 – 2000 – Rosario – Argentina – T: 00-54-341-4250805/4243625 – E-Mail: <diazromero@infovia.com.ar>
[6] Presentado a la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis de Rosario, el Jueves 29 de Julio de 1999.
[7] Agradezco a los integrantes del Cartel “Sobre el intento de formalización de intervenciones del analista”: Silvia Bolster, Norberto Díaz, José Zúberman. Asimismo la lectura y la crítica de Juan Alberto Manino.
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