La
amable espiritualidad
Oraciones
para sanar, Usted puede salvar su vida, Sana tu cuerpo, Magia con ángeles,
Cuidando a los ángeles, El mensaje oculto de los sueños, Más allá de la
oscuridad: mi viaje a la muerte, Los planetas interiores, Jesús, sano,
saludable y sanador, Astrología y destino, Cómo hacer su propio horóscopo,
Magia blanca, Esoterismo gitano, La edad de oro de la paranormal, Diccionario de
las piedras que curan, Autocuración con plantas mágicas, El don de sanar,
Sanar es un viaje: el poder de la mente y del espíritu en la superación de
enfermedades graves, Bioenergética: la pulsación de la conciencia, Veinte
lecciones espirituales para crear la vida que usted desea, Las siete leyes
espirituales del éxito, Paz, amor y autocuración, Taichi, yoga, hipnosis y
autohipnosis, El poder de la mente, El crecimiento espiritual: más allá de la
nueva psicología, Tu yo sagrado, Oraciones que curan. Las librerías de Buenos
Aires (como las de todo Occidente) tienen secciones completas dedicadas a estos
títulos prometedores, cuyos autores consagrados son Louise Hay, Brian Inglis,
H. Benson, William Proctor y los médicos Deepal Chopra, Larry Dossey, Bernie
Siegel y Carl Simonton, entre otras celebridades. Los libreros aseguran que éstos
son los verdaderos best-sellers, que se venden por decenas a mujeres de mediana
edad. Quizás ellas sean las compradoras, pero no las únicas que los consumen.
Hace
pocas semanas, la revista norteamericana Time hizo tapa con el tema "Fe y sanación": la fotografía de una muchacha de ojos
un poco desorbitados que mira fijamente a nuestros propios ojos. ¿Una sanadora?
¿Una sanada? ¿Una rezadora de oraciones que curan? ¿Alguien que se curó
porque otros rezaron por ella? Posiblemente todo eso junto, ya que se trata de
una fotografía producida en estudio, tan diseñada como la de un
extraterrestre, para que la tapa fuera un icono de la nueva espiritualidad: una
imagen fin de siglo, que evoca el prerrafaelismo por el movimiento del pelo y los colores del fondo, pero que,
al mismo tiempo, no prescinde del costado sexy puesto de manifiesto en la
cintura desnuda y las caderas envueltas en gasas orientales (de un Oriente de
teatro de revistas).
Los
vagones de los subtes de Buenos Aires, por su parte, mostraban hasta hace poco
la publicidad de la disciplina más espiritual que Oriente transmitió a
Occidente: Indra Dehvi promocionaba con su figura ascética (una especie de
Madre Teresa menos doliente) los cursos de yoga, relajación y meditación, en
una oferta que no olvidaba a los ejecutivos, a quienes se les ofrecían horarios
especiales, ni a los desconfiados, a quienes se le prometían demostraciones
gratuitas. Indra Dehvi posee un currículum en la materia que incluye viajes por
geografías espirituales y temporadas en la India. Sin embargo, cualquier
profesora de gimnasia "yoga" imparte a sus alumnos lecciones de
espiritualidad en las que se mezcla todo con todo. No puedo olvidar un diálogo
escuchado en el vestuario de un club de Buenos Aires. El tema era las piedras
que curan, y una de las interlocutoras se refirió a las bondades de la piedra
de láser, incorporada sorpresivamente al mundo de la parageología.
La
lengua cotidiana, tan sensible a estos cambios, incorpora ondas y vibras. Un
"nuevo espiritualismo" difuso se ha convertido en cultura común
incluso para aquellos que no se sentirían parte del movimiento.
Es
inevitable que todos los argumentos aparezcan mezclados. La venerable revista
Time afirma que, según un estudio realizado en Dartmouth (sitio académicamente
irreprochable), "una de las más fuertes variables de predicción de
supervivencia después de una cirugía a corazón abierto es el grado en que los
pacientes consideraron que su fuerza y bienestar provenía, de sus creencias
religiosas". Así dicho, probablemente habría poco que objetar: quienes
rezaron estarían psicológicamente mejor preparados para las batallas del
posoperatorio, acompañados por otros laicos que también rezaron o por pastores
y sacerdotes. En fin, no se trata hoy de que, después de décadas de medicina
psicosomática, alguien venga a descubrir que las condiciones subjetivas en las
que se encara un proceso material son indiferentes. La cuestión, por lo tanto,
no pasa por allí. Pero, ¿por dónde pasa entonces?
En
su libro La soledad de los moribundos, Norbert Elias se pregunta sobre el larguísimo
proceso, que atraviesa toda la Edad Moderna, de creciente aislamiento de la
muerte como acto final de una vida. A las razones médicas, que darían su
respuesta "sanitaria" sobre esta soledad, Elias agrega razones que
tienen que ver con la imposibilidad de encontrar un sentido para la muerte. En
efecto, sólo las religiones han confiado en dar un sentido (cualquiera que sea)
a la muerte. Pero la muerte subsiste como dato inaceptable incluso para quienes
se sienten parte de un espacio religioso. Frente a la muerte, es difícil
construir sentido. El "nuevo espiritualismo" es un atajo.
Ha
habido otros atajos: el auge del espiritismo y de las curas milagrosas basadas
en injertos de glándulas o toques eléctricos en algunos nervios, en la
Argentina de las primeras décadas del siglo XX; el orientalismo que se mezcló
con el movimiento hippie en los años sesenta, pero también fue propagandizado
por la revista francesa Planeta; la astrología cotidiana en la prensa escrita,
que la hereda de los "almanaques" campesinos; el naturismo como
medicina alternativa, que encontramos en decenas de folletos populares de los años
veinte y treinta; ciertos usos de la psiquiatría vinculados con la hipnosis, la
sugestión y el magnetismo. Allí están los materiales para una historia del
alternativismo médico. Sin embargo, tenemos la sensación de que el "nuevo
espiritualismo" es algo más inclusivo. ¿Por qué?
Habría
que decir, en primer lugar, que los libros citados al comienzo de esta nota no
hablan tanto de la muerte, sino del mejoramiento de la vida. Prometen, de manera
unánime, una vida mejor por caminos que potenciarían cualidades que todos
poseemos: todos tendríamos la posibilidad de encontrar el sentido de nuestros
actos (y de nuestros dolores). En un tiempo de sentidos escasos, donde se hace
visiblemente difícil establecer relaciones de solidaridad basada en principios
transindividuales, el "nuevo espiritualismo" nos asegura que es
suficiente conectarnos profundamente con nosotros mismos. La solución no podría
sintonizar mejor con el clima de una época donde las sociedades se debilitan
por la desigualdad, el feroz individualismo de mercado, la crisis de sentidos en
la política, la desconfianza ante las acciones colectivas. Si hoy la Iglesia
Católica recibe la presión de los excluidos, el "nuevo
espiritualismo", en cambio, responde privadamente a los que tienen más
tiempo y dinero.
El
"nuevo espiritualismo" no es sólo un conjunto de prácticas
pintorescas que reciclan técnicas orientales cortándolas de su terreno filosófico
de origen. Es también síntoma de un nuevo malestar en la cultura, donde se
expresan ideales angustiosos de salud y belleza que los medios hacen circular
como modelos de éxito o como sustitutos mercantiles de felicidad. Allí
confluyen los interrogantes que no tienen salida porque han desaparecido las
condiciones de sus respuestas tradicionales (¿cómo es la buena muerte y la
buena vida en un mundo abandonado por los dioses?). Finalmente, el "nuevo
espiritualismo" es una estrategia que no exige coherencia global, porque
proporciona patrones de conducta que pueden ser tomados y dejados; el compromiso
es mínimo (salvo para los fundamentalistas del "nuevo
espiritualismo", que son escasos), siempre se puede salir y se puede volver
a entrar. El "nuevo espiritualismo" es un estallido de terapias que a
veces son espirituales en sentido estricto, que a veces son físicas y se
confunden con la gimnasia consciente, pero que siempre están allí sin requerir
demasiada coherencia.
A
diferencia de las grandes religiones históricas, el "nuevo
espiritualismo" es cómodo. No se necesita militar todo el tiempo para
beneficiarse. Ofrece amables recetas para la vida cotidiana: estrategias
individuales para las que no existen ni el pecado (como en las religiones) ni la
responsabilidad (como en la vida pública). Más allá del bien y del mal, el
"nuevo espiritualismo" es una mezcla afín a las políticas
individualistas del cuerpo y al desinterés por la vida común: la trascendencia
es un movimiento en miniatura.
Volver a los Artículos
publicados