TIERRA DE NADIE
María Patricia Romero Day

Representante. ¿Se olvida uno de que es eso lo que se elige?. Por suerte sé quien me representa. Y tengo para elegir, ¡no muchos, realmente!, pero al menos dos. Al mismo tiempo con eso compruebo qué sola estoy, qué pocos acompañan la opción. No figuramos en las encuestas. ¿No existimos?
Pero los otros, los que votan "en contra", o "para que no gane" ¿no les preocupa saber que su representación es esa?. Lo elegido es representante de ese acto.
Saliendo del Centro Cultural San Martín, hace años, nos chocamos con alguien que me representa en el Congreso. Le dije: "¿Sabe quien soy?, soy ese voto que no saben de quién es." Nos reímos. No tengo quejas: Trabajó todo lo que pudo, no falseó su mandato.
Mi educación fue abonada (la palabra es coherente con el contexto campestre en que fui criada) con los poemas criollos. "La convicción de que es mía" enraizaba hondo con contradicciones nutridas por las nuevas culturas traídas por los inmigrantes como "Hijos del Pueblo". Crisol de razas y costumbres, parecía posible amalgamar algo importante.
¿Qué pasó? A veces la ley de enfiteusis se me presenta como metáfora: Si estoy parada en una alfombra sin piso ¿se puede construir?. Y desde entonces las deudas externas incomprensibles con tanta riqueza, y que sea tan fácil comprar los "representantes" ... ¡Si no son representantes de nada!. Votados para contrarrestar, sin saber si no es peor el remedio que la enfermedad, como en el caso de apoyo a los golpes militares.
"La convicción de que es mía", "que se vayan ellos", etc. Quisiera poder gobernar lo mío, y como no puedo hacerlo necesito políticos que me representen. Las mayorías mandan y lo respeté hasta ahora. Porque creía que estaban representadas. Me uní a esa mayoría para pelear por ello. Pero creo que los estafaron. A los pobres los volvieron más pobres, y ahora los compran y los asustan. Y no sé que se puede hacer.
¿Por qué tantos no sienten el terruño como propio?. Una amiga me dijo hoy que porque nunca sintió que pudiese hacerlo. Los criollos mirando a Europa, los inmigrantes sintiéndose ajenos, "este país" ... no es de nadie. Desgraciadamente, al ser abandonado, alguien lo encontró y se adueñó: No fue con suerte. No nos recogió alguien bueno. Fueron las mafias.
Lo único que quisiera es que abandonáramos la hipocresía de creer que fue mala suerte. Solo la autocrítica puede impedir la desaparición total de la "patria de Echeverría". Aunque suene bolche y eso haya sido siempre tan mal visto ¡y acusado de extranjerizante por lo internacional!. Bueno, pero al terruño lo hemos querido lo suficiente para seguir teniendo representantes, y no tener que votar a gente que por suerte No tiene NADA que ofrecernos. Y menos tienen para representar los valores e ideales de " la Tierra de Santos Vega."

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