Lic. María Patricia Romero Day

VISCOSIDAD

El entrecruzamiento de transferencias en la neurosis tiene una complejidad caleidoscópica de la cual nunca podremos dar cuenta cabal. Esta comunicación pretende compartir la aventura de internarnos en algunos trechos de dicho laberinto, descubriendo ciertas escenas develadoras que permiten el ensanchamiento de horizontes personales y epistemológicos, sin pretensiones de ningún modelaje, mostrando un fragmento de práctica.

Presentación:

María Pérez: Su nombre siempre unido al apellido, como un nombre compuesto, inseparable. El apellido paterno está pegado, y la memoria de su padre idolatrado es incuestionable. Su muerte, hace más de diez años, todavía es llorada.
Los teléfonos no funcionaban bien en Buenos Aires. La analista, incomunicada, recibe un pedido de llamar a alguien a una clínica porque necesita una entrevista. La persona está internada y quiere tener una hora al salir. Había estado en terapia intensiva por una crisis asmática.
Modo extraño de concertar un primer encuentro, incomunicadas nuevamente hasta que ocurriese, y luego de un llamado invertido para la usanza común.
María y sus congestiones se presentan el día acordado. Mucho llanto y el relato de lo reciente: Como suele pasar en estos casos, la falta de registro propio y la desatención de su entorno directo culminaron en una internación de urgencia. El marido desestimó la gravedad, se fue ese día dejándola sola, y es una amiga que habla por teléfono la que percibe y la impele a internarse, encontrándose con ella en el hospital directamente.
La imagen del ataque de asma: pulmones llenos de aire vuelto tóxico que no puede ser expelido por la sensación paradojal de falta de aire, intentando la acción específica opuesta (aspirar y no expirar), es metáfora fundamental en el trabajo con María. No logra un intercambio saludable. Descuida sus espacios, se deja invadir, presionar, correr; pero sin restringirse demasiado, porque se sobreexige y compensa. Es notable como escucha la orden de su amiga: "No te paso a buscar, no hay tiempo, tomate un taxi y te encuentro en la clínica", pero no puede registrar directamente su estado. En el fenómeno psicosomático, el abrumamiento por cantidad de excitación borra la posibilidad de autopercibir, y se vuelve a la fase infantil de reconocer lo que pasa vía proyección, preferentemente en el rostro de otro.

Historia familiar

Tuvo un análisis anterior motivado por dificultades con su hermana mayor. En la rivalidad fraterna quedan jerarquizadas las problemáticas con el doble, y la hostilidad y la envidia tienen un papel fundamental. Lugar narcisista por excelencia, el semejante, ya sea rival o ayudante, virtualizará la propia imagen. Por eso, cuando cuenta que esa hermana era la "inteligente" para todos, y ella se rebelaba en antiintelectual, no nos asombra que ahora se hayan invertido los papeles, siendo ella la que trabaja fundamentalmente con su intelecto.
El desencadenante de su auto expulsión del hogar, como consecuencia de dichos problemas, lo provocó un episodio llamativo. El padre médico, la madre partera y la hermana estudiante de medicina, negaban un embarazo de dicha hermana y hablaban de qué pasaría que tenía una amenorrea. La única que insistía en la posibilidad de embarazo y señalaba el aumento de peso era la paciente, severamente criticada por los demás como "mal pensada".
Cuando tienen que aceptar la situación, la madre comunica a María que va a tener que ayudar mucho a su hermana, sobre todo para que no se resientan sus estudios. Eso la decide y huye: no los puede enfrentar abiertamente. Alquila un sitio y después de tener todo listo plantea el alejamiento, con gran enojo de la madre y dolor del padre. La hermana tiene el bebé soltera, y años después se casará y mentirá toda la historia del niño haciéndolo pasar por hijo de su marido. María huye para no ser reducida a la ayudante de la hija ídolo. A pesar del vínculo tierno con su padre, no encontró, ni buscó, el modo de defender un lugar. La furia desestructurante ocupa el lugar de la verdadera defensa, situación de repetición dónde, o se niega el atropello, o se produce un desborde que la aniquila.

Novela propia

Poco tiempo después ella también se casa, con un divorciado con dos hijos. Viven pobremente, en sitios estrechos, esforzándose para progresar. Es una profesional inteligente, pero desaprovecha oportunidades en función de trabajar para mantener la familia y apoyar el desarrollo profesional del marido. Tuvo dos hijos, separados por dos pérdidas de embarazos buscados. La familia de su marido es muy precaria, y él se recorta como el exitoso que pudo construir otra situación. Por muchos años gana un sueldo excepcional y ocupa un lugar prestigioso en los medios masivos.
El dolor que la fue debilitando hasta enfermarse aparece unido a una situación reciente: Uno de los hijos de su marido tuvo una hijita, que al poco tiempo de nacer muere de SIDA. A raíz de ello se enteran los padres de la bebé que son ambos portadores. La mamá enferma casi inmediatamente y fallece y el padre sobrevive logrando cronificarse como portador.
Es poco después de la muerte de la beba que María enferma. A partir de hablar de ello, van apareciendo situaciones angustiantes con respecto a los hijos de su marido, que desembocan siempre en la impotencia de él:"¡Qué querés que haga!", dicho casi siempre con furia y en momentos de pelea. Lo mismo que con su propia internación, la sangre tiene que llegar al río para que él pueda enterarse que ocurre algo. Lo desestimado en él hace impacto en ella con fuerza. La insistencia en que él reconozca puede confundir con que ella sí lo hace, pero ciertas realidades son brazas ardientes que se tiran mutuamente sin poder recogerlas ninguno de los dos. Ambos aparecen impotentes en el manejo de situaciones: El no quiere verlas, y a ella la destruyen. Es una escena que no cesa de repetirse. El hijo mayor parte a deambular como marginal por el mundo, y el otro vive precariamente, cuidando de no enfermarse de un modo tan obsesivo que la restricción vital es muy grande.

Análisis

Al tiempo de comenzado el análisis su marido dice tener algo que comunicarle. Le confiesa que tuvo una aventura y que ha visto en su terapia neurolingüística que tiene que sacárselo de encima. Es un acto de contrición, sin ninguna consideración por el golpe que está infringiendo. Lo hace porque "a él le hará bien".
Ella sufre un dolor que traspasa lo psíquico, se percibe que puede enfermarse. El trabajo analítico se dirige fundamentalmente a que se cuide en un nivel muy primario: Que hable e historice reconstituyendo y organizándose, sin casi intervenciones. Dice que él no solo ha destruido todo lo que moralmente había creído construir con él, sino que la arriesgó al SIDA, ya que no se cuidó en las relaciones sexuales con su amante. Confirma con esta verbalización el traspaso de la protección psíquica involucrando lo orgánico, pero al mismo tiempo la palabra recupera con ello un lugar.
La "confesión" viene después de un asedio telefónico de dos años por parte de una mujer, que le decía a ella y a su hija que era la amante del marido, que tenía un hijo de él, etc. Durante todo ese tiempo él se mostró indiferente, ajeno, insistiendo que no sabía quien podía ser "esa loca". Creyéndole, ella le reclamaba alguna protección, ya que entendía que por su trabajo estaba expuesto a histéricas. A pesar que le parecía la explicación coherente, le pedía que hiciese algo para que ella y su hija adolescente no tuviesen que sufrir esas situaciones. Las llamadas eran amenazantes y a distintos sitios, inclusive al trabajo de ella y a la casa de su madre. Los pedidos de ella son angustiosos y no tienen eficacia. La coraza de protección traspasada no se reconstruye, su labilidad e inconsistencia la hacen precaria.
El sufrimiento de ella al enterarse es tan indescriptible como la indiferencia de él. Mientras ella parece desgarrarse él habla a la analista livianamente, preguntándole si va a poder hacer algo para que ella aprenda a gozar, porque él está viviendo el mejor año de su vida y tiene que soportar que ella llore todo el día y lo tiene harto.
Es difícil plantearse cómo ella no registró lo obvio, ya que parecía estar atenta y exigiendo explicaciones, pero creyó las mentiras sin demasiada dificultad. La afrenta narcisística es muy grande, y el enojo toma primero el lugar de cualquier reflexión posible.
Pide entrevistas de pareja, porque quiere entender qué pasó y cuándo. Hacen un recorrido con un especialista, pero no se logra que el marido se comprometa demasiado. No deja de actuar un personaje "light", y no está interesado en dar demasiadas explicaciones: quiere un pacto de borrar y seguir. Le aclara que no piensa sentirse culpable, ya que si hay que buscar un responsable es ella, que no lo atiende lo suficiente.
En una de esas entrevistas se le plantea el asombro que defina como su mejor año de vida (insiste en ello) aquel en que pierde su primer nieta, se entera que su hijo es portador, casi pierde a su mujer de un ataque asmático, y está al borde de la separación matrimonial debido a un adulterio suyo. Lo positivo, aclara él, es su gran éxito laboral y su ingreso económico. Explica que él en su terapia neurolingüística ha aprendido a superar lo negativo y a mirar solo lo positivo. Y lo positivo parecen ser los números, porque ni siquiera es un momento de calidad en su trabajo.
En la última entrevista de pareja se dramatiza el arrasamiento. Él parece haber empezado a razonar, o a aceptar el peso de ciertos argumentos, pero sobre el final de la entrevista borra todo y dice: "Yo me voy de vacaciones, él que quiera que me siga". Y se levanta caminando hacia la puerta. Ella se para y va tras de él en una actitud de sometimiento medroso que es casi un zapping a la actitud de un minuto antes. Otra escena entra en juego: el poder adquirido por el pensamiento y la reflexión caen ante la nueva actitud de ambos. Este fragmento, trasmitido por el analista de familia, es de gran utilidad en el trabajo individual con ella.

NUDOS SIGNIFICANTES

homosexualidad

El atrapamiento en el despotismo, la aparente no rivalidad en la competencia del poder, sugieren que lo exigido por la hermana encuentra su lugar aquí. Esa hermana que exigía que ella abandonase sus áreas para cuidar del bebé y poder seguir estudiando, apoyada por la madre, tienen su efecto aquí. No puede ni quiere huir, pero no por amor (que reconoce diferencias) sino hipnotizada por el miedo. No hay posibilidad de pelea, defensa de un lugar propio que no la convierta en "ayudante". Su captura muestra el deseo de ocupar ese lugar, que solo pudo abandonar huyendo, para caer en la misma escena con su marido. "Si pudieses darte vuelta y partir", le dice Ovidio a Narciso. Solo la huída puede desatrapar de tentación tan grande.

sueño de la analista

La profesional que la atiende tiene un sueño con ella, que lleva a su propio análisis e incluye luego en las supervisiones para destrabar nudos transferenciales. El interés del material es central en el desglosamiento significante.
Relato del sueño: "La paciente estaba en una carpa, estilo camping, y la puerta y las paredes eran cortinas de mocos que caían, al estilo de cortina de agua. Había que atravesarla, y daba mucho asco. Adentro estaba María desnuda, acostada en el suelo. Había confusión entre si era erotismo o revisación médica. Al acercarse a mirar los genitales, llamaba la atención ver que eran inmensos."
Tomamos aquello que la analista en su propio análisis recupera para poner al servicio del trabajo con la paciente, cuidando de no perdernos en los circuitos de otro psiquismo: la homosexualidad, los mocos, la exploración de lo femenino al estilo de Leonardo, con aparente deserotización que se evidencia por otro lado en el asco.
Lo viscoso es un dato central en esta historia. También la presentación del cuerpo como escudo, la mucosa vuelta pared, que transferencialmente da un dato tan fuerte, como el rechazo producido por el asco y en el desafío de descubrir un enigma.
Los mocos están desde el comienzo, cuando después de la internación todavía la congestión era notable. La descripción de las excreciones, el color, la densidad, el hurgueteo permanente en la nariz inquietan, distraen e irritan a la analista.
En las sesiones María da un tono compinchista al trato: "Esas mujeres no son como nosotras". En esa unidad viscosa borra las diferencias y hace "patinar" la sensación de trabajo, transfiere inseguridad. No aparece claro (no se ve) si la paciente toma lo escuchado como algo más que un comentario. El análisis transcurre "en superficie", al decir de Fernando Ulloa, desconcertando. ¿Es erotismo amiguero o trabajo clínico?. En esa buena relación (borrando diferencias) con las otras mujeres, queda borrada la competencia anterior con su hermana, apareciendo en otra "hermana" como siniestra: su cuñada. Ante una respuesta cínica, pero no inesperada, de que no era tan terrible ser engañada y que no era creíble que no se hubiese dado cuenta, se pelea de una manera infantil, quitándole el saludo y evitándola. Sus relatos toman una extrañeza delirante al respecto, confiriéndole el papel de "diabólica", y teniendo algo cercano a las alucinaciones.
La negada celotipia durante dos años, escindiéndose en ver y no ver alertan sobre los componentes de una homosexualidad reprimida que no encontró su cauce elaborativo y se vuelve sintomática.

megalomanía

El marido parece estar en retracción libidinal: El mejor año de su vida parece referirse a los aplausos conseguidos. Está infatuado con su propia imagen y ella adora a alguien así. Uno impactado por el narcisismo del otro. Dos actores en competencia, haciendo un papel y sonriendo a todo el mundo. La manifestación psicosomática, (Freud la llama neurosis actual), sobreviene cuando fracasa la megalomanía. Ella aparentemente no compite en "la grandeza", pero se posiciona como aquella que favorece la megalomanía de él y se llena de envidia: el sentimiento de injusticia está ligado a la envidia. ("¿Por qué él brilla y yo no?"). Cuando narra sus propios éxitos profesionales hay un plus de aplauso también. Es la niña encantada por la aprobación ajena. Toma absolutamente en serio todos los halagos, aunque sean obviamente corteses. Por otro lado cree fervientemente en que la mujer es "tumba o pedestal", ha ocupado el segundo lugar y trasmite que al retirarle la libido él puede caer en un derrumbe. En la retracción libidinal la conexión se mantiene virtualmente en el otro, hay dependencia adictiva y terror a la falta.
En la escena fundamental de sometimiento intervienen elementos educativos católicos imbricados en su narcisismo, que implican la omnipotencia de los enunciados: "Eso no me puede pasar a mí, yo renuncié a casarme por la iglesia por él". La pérdida de la ilusión no se acepta. El escenario montado con su esfuerzo colabora para mantener la mentira por un tiempo. Piensa que él puede ser atroz en la separación y eso es mencionado como una barrera a pasar en relación a lo económico. Números y herida narcisística: dos componentes del "pegamento" matrimonial.
Sin embargo, como la cortina de mocos, son otras barreras las que impiden una separación. Su fantasía de que él se nutre de su sensatez y su capacidad intelectual no consideran lo que él posibilita. Nunca sabe lo que debe, no hace cuentas y no admite que no sabe ni hace al respecto. En la indiscriminación no hay lugar a la gratitud, ni reconocimiento de lo que se recibe del otro. El solo el propio reflejo, o lo propio vuelto de algún modo. Separándose hay que aceptar lo que se recibe y falta. En la megalomanía todo lo que viene de afuera es propio, o "merecido" por el sujeto.

mocos y números

Cada uno en la pareja tiene su objeto de gratificación masturbatoria. Él los números y ella los mocos. Y siendo lo masturbatorio la matriz de lo adictivo, hay algo allí "pegado" que no es fácil de separar. Él insiste en demandar el sometimiento adhesivo de ella, pero ha habido un cambio en su posición subjetiva y no puede volver a ocupar ese lugar. Se debate entre huir de nuevo, enfermarse, o enfrentar sus fantasmas. Comienza a aparecer material que evidencia que su marido la está engañando nuevamente, pero se disocia de tal modo que no puede tomar seriamente lo que dice. Él llega tarde, encuentra un paraguas de mujer en el auto, hace un viaje y aparecen en el resumen de la tarjeta de crédito dos pasajes, ... y sin reconocer nada de esto como importándole, arrecian las peleas y finalmente él abandona el hogar.
La preocupación por la imagen en él ha sido llamativa, o es llamativo lo poco que a ella le ha llamado la atención. Dos operaciones estéticas, cosmetóloga... espejo permanente. Estanque peligroso. Compra un lugar idealizado de su infancia, pagando un precio incoherente en el mercado. La vulnerabilidad que estas cosas muestran no son tenidas en cuenta por ella, indiferente en su propia retracción intelectual, y desestimando el descuido de los recursos familiares. Los números son de él.
El desperdicio de recursos valiosos, la vulgarización, rebajar el nivel que les permiten sus posibilidades se ve en varios circuitos: Económico, no se invierte en calidad; afectivo, la sofisticación de la ternura aparece borrada en los grandes gestos pasionales; intelectual, se busca el menor esfuerzo y no el mayor logro. Ella no quiere ni ver ni escuchar razones, porque tampoco puede frenarlo. La violenta salir de la retracción. Se crea precariedad teniendo buenas perspectivas de asentar otras bases . Los números en él no parecen servir de fundamento, solo de descarga placentera. El estilo adictivo de "las cosas ya", y "si no tengo ganas no lo hago" prevalecen.
En ella prevalece el camino viscoso. Su aparato respiratorio está muy cargado, de mocos reales y libidinales. Se operó la nariz porque respiraba de un solo lado. Tampoco pareció registrarlo como molestia grave hasta que fue interrogada sobre ello, y un otorrinolaringólogo le habló de otros perjuicios posibles de ser causados al mantener ese mal funcionamiento. Un golpe había provocado la oclusión, sin que tampoco se le diese importancia.
Los mocos posiblemente tuviesen varias determinaciones, al menos se pone en evidencia un doble valor: despertar asco en su interlocutor, y la complicidad ligada a los genitales femeninos. Y, ligado a una regresión intracorporal, la función de contener algo de la relación entre ella y su madre.
Hay relatos sobre su madre que provocan extrañeza. Habla de comportamientos bizarros con humor, sorprendida: "¡Mirá vos que loca que está la vieja que sirvió facturas con vermouth!." Por un lado hay reconocimiento de la locura, y en el estilo de comentario se desestima lo que ello implica: sufrimiento. Ambas pueden atender el cuerpo enfermo de la otra, pero no escuchar sus angustias. Como ante la irracionalidad del marido, baja la cortina y aparecen los riesgos orgánicos que las conectan. Allí está la carpa también: Metida sin querer enterarse, como en la carpa de oxígeno, que aunque tape con mocos la ayuda a vivir. La exploración sexual es infantil (meterse los dedos en la nariz) y los genitales inmensos pueden corresponder a la mirada de una nena. Por otro lado, la madre partera, miraba genitales dilatados de mujeres por parir, también explorando algo de la sexualidad femenina.

el padre idealizado

Atrás de una apariencia amplia, exploradora, aparece un bastardeo a la seriedad: Las brujerías y la medicina alternativa ocupan mucho lugar y poco cuidado real. El médico de confianza en un "antroposófico" de moda, que viste túnica y "limpia" casas. Las cartas astrales, revoluciones solares, lectura de borra, flores de Bach, etc. comparten un lugar privilegiado con un seguro médico barato, que no es acorde a sus posibilidades económicas.
Allí se juega la relación con su padre. Idealizada, pero denunciando cómo se sintió perjudicada por él: No era tan buen médico si hay que buscar brujos. Y no la defendió ante las mujeres que la arrasaban teniendo que huir. En ese panorama se inscribe la sensación de su analista de no saber de la valoración que tiene su palabra, ni qué lugar ocupa en medio de esa corte de los milagros.
El ataque de asma que la lleva a riesgo vital muestra la desprotección en que se encuentra. No tiene a quien acudir y lo resuelve no dándose cuenta que tiene que pedir ayuda. Teme (y lo repite varias veces) llamar a un médico sordo y ciego que no acuda. También se puede inferir que el ataque actuó como escudo a otro (afrenta) imposible de soportar. Posiblemente fuese engañada en ese momento sin querer enterarse. Los aspectos sórdidos que no deja de subrayar en la familia del marido ocupan llamativamente el silencio idealizado sobre su padre: Aparece por primera vez el comentario de las quejas de su madre sobre infidelidades "sufridas".
Y se enamora de un padre denostado, que desatiende dos hijos mayores: uno vagabundeando por el mundo, y otro portador de SIDA, y que ignora también los problemas de los hijos en común. Pero el "compinchismo" que implica criticarlo y no ser un freno eficiente a su despotismo alerta nuevamente a la analista sobre el vínculo transferencial. En ese himeneo femenino (de la madre y la hermana posiblemente) el hombre queda excluido e impotente. Ella, en vez de convocarlo, trata de ocupar el lugar faltante. Acompaña a la hija a operarse sin despertarlo "porque si está dormido es perder el tiempo", y contrata profesoras ante el fracaso escolar del menor, quejándose amargamente que él está ausente. Pero falta no solo la persona sino la función, la estructura no se sostiene. En ella falta ese padre que luego no encuentra para sus hijos.

vacío mental-fenómeno psicosomático

Las alternativas derivadas de la transformación del deseo homosexual, que podrían haberla llevado a una psicosis paranoica, se estructuran aquí configurando la originalidad de su subjetividad.: El delirio celotípico negado, la erotomanía en la complacencia a los halagos, el delirio persecutorio en el sentimiento de injusticia (¡¿por qué a mí?!), y la megalomanía con la otra cara, (la retracción libidinal), se mezclan en su dibujo original. Y ante la falla de sostenimiento de las formaciones delirantes, aparece el fenómeno psicosomático.... ¿Cómo llamado a su padre médico?. El tiempo de desatención que precede ocuparse de la gravedad es la escena repetida de la internación. Todos los miembros de la familia han tenido episodios agudos importantes: El marido, úlcera sangrante. La hija, apendicitis con peritonitis. Los dos hijos de él, uno portador y el otro con varias internaciones, sin dientes, alcohólico, consumidor de drogas. El pequeño también asmático grave.
Ella cae en el síntoma orgánico como en un agujero negro, sin red significante. Las formaciones delirantes, los celos y la erotomanía, permiten restitución al sacar de la retracción. Pero posiblemente le resultaran extremadamente penosas. Por eso insiste en la negación. Durante dos años amaga el delirio celotípico con hacerse cargo de la escena, pero finalmente triunfa la investidura de órgano. Solo la revelación brutal la saca de su encierro, poniendo en juego la erotomanía como defensa, pero llegando al límite de casi morir antes que darse cuenta... (de esa otra mujer en su horizonte). Posiblemente el marido esperó a que estuviese en tratamiento para decirle lo que ella no podía/no quería escuchar. Talvez ese día, en que "la abandonó" haya tratado de hablar. El no quiere saber nada de problemas, pero ella tampoco se conecta demasiado, son dos retracciones aliadas donde todos quedan fuera. El vacío mental es ocupado por el cuerpo.
La conexión masturbatoria con los mocos es el camino que va, desde la compleja conexión al mundo y sus objetos, a su interioridad libidinal orgánica. Por eso la importancia de la recuperación del sueño de la analista y su análisis, como fundamental para poder ver lo que la paciente demanda. Solo avanzando sobre el propio análisis el analista podrá atravesar los escudos impuestos por las resistencias del paciente sumadas a las propias.
Los escudos en el tratamiento hacen sentir a la terapeuta fuera de la carpa. ¿Cómo meterse con eso sin ser agresiva, o intrusiva?. Y sobre todo, ¿cómo vencer el asco, que puede estar operando como displacer estético proyectado? La puerta se abre con preguntas acerca del displacer estético sufrido por actitudes de su marido, que a pesar de tantas operaciones estéticas y cosmetólogas, en la intimidad actúa como un caracterópata agresivo, provocando displacer. (pedos, eructos, etc.). La vergüenza que tiene que vencer para hablar de ese sufrimiento, mientras llora y se hurguetea, va permitiendo poner palabras, encontrando otros hurgueteos que posibiliten menos resbalones.
Además aparecen los escudos como amuletos contra el mal de ojo, el ojo que daña. El interrogante busca abrir por el lado proyectivo de cómo son envidiados ellos: el temor a la envidia de los otros. Se abre un discurso que permite transitar otras historias. La vía de su cuñada, que concentra el odio después del engaño, gira alrededor de las acusaciones de envidia: Hermanas envidiosas en el centro de la escena.

SALIDA DE LA RETRACCIÓN

Al irse el marido de la casa la arrasa con los números. Insiste en cerrar cuentas conjuntas, separar tarjetas, todo con una urgencia abrumadora. Pero es imposible ayudar a que ella resista y negocie tiempos. "No me ayuda que me digan qué no tengo que dejarme presionar" dice con respecto a sus amigas. Finalmente él quiere dividir un dinero que no les corresponde: es de la madre de ella que ha puesto en la caja de seguridad. Allí puede frenar, cuando él va a avanzar sobre lo perteneciente a su madre. Algo pasa de la identificación a la diferenciación. Uno más uno, los números en ella comienzan a despegarse. No es un masacote, hay distinta gente en juego.
Hace un viaje al exterior para encontrarse con un colega extranjero con el que parecía repetir el vínculo de sometimiento, aunque con mayores beneficios para sí. Cuando era preguntada por qué tenía que ponerse al ritmo de él, y no negociar pausas necesarias, la respuesta era: "¡A mí me conviene, total después él se va a su país, o yo me vengo al mío y descanso!". El gozo del arrasamiento mantenido, pero con otros beneficios y ligaduras, y el aire asegurado por lo "extranjero". Después de dicho viaje, relata la terrible depresión que tuvo en el exterior producto de su separación: la dificultad de "no poder decir" (proyectando un moralismo bastante improbable en el mundo protestante), deambulando sin la manía acostumbrada, sin relatos triunfantes del aplauso, aparece un personaje más "derrotado" psíquicamente, más neurótico (le falta algo, hace un duelo) y menos "actual" de la patología orgánica.
Este nuevo personaje aparece "asociado" a su colega, y no sometido al estilo de una secretaria (secretando). La analista le comenta este cambio de imagen trasmitida. Sonríe con amabilidad, no parece importarle, pero al irse pregunta: "¿Te debo dos meses, no?" (las cuentas no llevadas). "-No, contesta la analista, son tres. Habías tenido problemas en cobrar pagos del exterior y no quería que te sintieras presionada, pero pasaron tres meses". (Y siente que hubo algo de "secretaria" de su parte, en la respuesta y la posición). Lo retoma la sesión siguiente, anunciando con cierto humor: "Y ahora, que te ocupás de tus cuentas y te posicionás como protagonista y socia, yo tampoco seré tu secretaria. Pero por esta vez te doy la cuenta detallada".
La última sesión de la semana era los viernes por la mañana. Un jueves llama para adelantarla a ese día a última hora. Llega llamativamente atractiva, bien vestida, y sin ninguna congestión nasal. Se sienta y se pone a llorar diciendo: "-No sabés por lo que he pasado, me ha pasado una aplanadora por encima." Comienza a contar que su ex-marido (desde hacía dos meses) había ido esa mañana a visitarla, viniendo desde la casa de ambos en la playa, para decirle que estaba en dicha casa con una mujer. Se había ido hacía 10 días llevando al hijo menor de ambos, un púber, al que había pedido complicidad para que no dijese nada a su madre de esta presencia. Ella dice que "enloquece", pero no solo no "pierde la cabeza" como tantas veces, sino que no se enferma. Trata de razonar con él, de hacerle comprender la incorrección desde todo punto de vista de su acción: su ocultamiento, involucrar el menor, etc. y puede escuchar el sin sentido de las respuestas y darse cuenta de ello. Corta el aparente diálogo, y llama a su analista pidiendo el cambio.
Lleva a sesión un deseo de acción, pero el tono de tragedia habitual se ha convertido en relato. Cuenta que quiere ir y exigirle a él que se vaya esa señora de su casa. Cree que tiene que hacerlo, que le hará bien, que no quiere dejar esta situación así. Que rescata de su análisis saber que por evitar los conflictos de defender sus cosas ha preferido conquistar siempre nuevas. Que no dejará de avanzar sobre lo nuevo, pero dejará de abandonar territorios adquiridos. Y defenderá a su hijo, no lo dejará solo en esa situación incómoda.
El caleidoscopio se movió. El cambio de posicionamiento sorprende a la analista: Se la ve tranquila, "despejada" (no solo mentalmente, sino bronquialmente), con dignidad en su decisión. No hay tampoco nada pasional que alerte, justamente adelantó su sesión porque no quería actuar sin reflexionar primero.
Freno al arrasamiento, defensa de lo propio, despejamiento de situaciones confusionales para ella y su hijo, mantenimiento sereno de una posición reflexiva, cobijo en la legalidad ... y seguramente más y menos se coagulan en este acto. Lo realiza, llama al volver cansada y satisfecha por haberlo podido llevar a cabo, y su analista (sin comunicarlo) considera que hay una etapa cerrada. Aunque la decisión de seguir trabajando o no la tomará la paciente, como en el ajedrez, se abren y cierran jugadas. El partido sigue, en análisis talvez, pero en la vida seguro.

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